Hoy más que nunca necesitamos herramientas para el equilibrio emocional que nos permitan navegar con mayor consciencia entre lo que sentimos y decidimos.
El ser humano un ser emocional. Queramos o no, las personas, las situaciones y las circunstancias nos afectan e influyen en cómo nos sentimos, pensamos y actuamos. Vivimos en una sociedad donde el bienestar emocional está en boca de todos. Basta con buscar en Google “Máster en Bienestar emocional” para ver la cantidad de opciones que ofrece el mercado. Pero, más allá de modas, ¿Qué entendemos por bienestar emocional? ¿Y por qué es tan importante aprender a gestionarlo? Hoy más que nunca necesitamos herramientas para el equilibrio emocional que nos permitan navegar con mayor consciencia entre lo que sentimos y decidimos.
A lo largo del día podemos experimentar más de cien emociones, muchas veces inconscientemente. La clave no está en evitarlas ni suprimirlas, sino en reconocerlas, escucharlas y gestionarlas. Como las olas del mar, las emociones llegan… y podemos surfearlas o dejar que nos arrastren, dependiendo de cómo las manejemos.
¿Qué es una emoción y por qué no debemos ignorarla?
Las emociones son respuestas automáticas y complejas que implican a cuerpo, mente y cerebro. Se activan ante estímulos internos o externos, reales o imaginarios, y nos preparan para actuar. En términos científicos, involucran sistemas neurológicos (como la amígdala y el sistema límbico), reacciones fisiológicas (ritmo cardíaco, tensión muscular, respiración) y componentes cognitivos (pensamientos, creencias, interpretaciones).
Imagina que vas conduciendo y se enciende una luz en el salpicadero: el testigo de la gasolina, del aceite o de los frenos. ¿Qué haces? Lo habitual sería parar, evaluar y tomar una decisión. No seguirías conduciendo como si nada.
Las emociones funcionan igual: son nuestras luces de aviso internas. Nos informan de que algo —fuera o dentro de nosotros— nos está afectando. Ignorarlas es como tapar ese testigo que intenta protegernos. Contar con herramientas para el equilibrio emocional nos ayuda a interpretar esas señales antes de que se transformen en bloqueos.
Gestionar tus emociones no significa dejar de sentirlas, sino sentirlas con más conciencia. Poco a poco, pasarás de experimentar que te arrastran, a ver que tú decides cómo navegar en medio de ellas.
De controlar a gestionar: un cambio de enfoque
Durante mucho tiempo nos enseñaron a “controlar” las emociones, ignorarlas o reprimirlas. Eso a la larga pasa factura. La alternativa más saludable es gestionarlas: escuchar la información que traen, comprenderla y decidir con conciencia qué hacer con ella. Por ejemplo, la tristeza nos habla de pérdida, el miedo de una posible falta de recursos, la alegría de un logro alcanzado. Todas las emociones tienen un propósito y un mensaje. Ignorarlas es perder información valiosa sobre nosotros mismos. En ese sentido, las herramientas para el equilibrio emocional no buscan silenciar lo que sentimos, sino ayudarnos a interpretarlo con más claridad y a responder sabiamente.
Históricamente, razón y emoción se han visto como opuestas. Del “Pienso, luego existo” de Descartes hasta la exaltación de las emociones del Romanticismo, se han mostrado como incompatibles. Hoy sabemos que se complementan. El equilibrio entre ambas permite tomar decisiones sabias, mantener relaciones sanas y vivir con mayor bienestar.
Tres pasos para gestionar emociones
Te propongo tres pasos sencillos, pero poderosos:
- Escucha a tu cuerpo.
El cuerpo es el primer lugar donde se manifiestan las emociones. Tensión en los hombros, un nudo en el estómago, palpitaciones, insomnio, … son señales. Observarlas es el primer paso del autoconocimiento emocional. - Para y reflexiona.
¿Qué me está pasando? ¿Estoy enfadado, frustrado, decepcionado, temeroso? ¿Qué situación, persona o pensamiento activa esto en mí? Nombrar la emoción, aceptarla, sentirla, sin reproches es fundamental. Esta pausa es un espacio de conexión valioso. - Toma decisiones conscientes.
¿Necesitas hablar con alguien? ¿Cambiar tu enfoque? ¿Soltar un pensamiento que no te ayuda? ¿Verificar si tu interpretación es realista o fruto del impulso emocional? Cada emoción invita a actuar de forma más alineada contigo y tus valores. En este proceso, las herramientas para el equilibrio emocional son grandes aliadas.
Aprender a gestionar tus emociones no se logra de un día para otro. Es como ir al gimnasio: requiere entrenamiento. Cuanto más practiques, más fácil será reconocer lo que sientes, reflexionar antes de actuar y elegir respuestas valorando lo que te dicen cabeza y corazón.
Puede que al principio te cueste, que no sepas por dónde empezar. Tal vez necesites leer, formarte o pedir ayuda profesional. Lo importante es moverse. Hacer algo siempre es mejor que quedarse en el mismo sitio. Si no sabes cómo iniciar, recuerda que existen muchas herramientas para el equilibrio emocional que puedes incorporar poco a poco en tu vida.
Porque al final, llevar las riendas de tu vida te corresponde a ti. Y si no las tomas tú, alguien más lo hará por ti. La buena noticia es que siempre puedes empezar, hoy mismo, desde donde estás.