250 Años del nacimiento de Jane Austen: Su legado y relevancia

Parece justo dedicarle un artículo a Jane Austen este año del aniversario de su nacimiento. Su fama universal y su reconocimiento como mejor escritora clásica de habla inglesa -únicamente por detrás de William Shakespeare- nos obligan a ello.

El genio discreto de Jane Austen

Es lo que el sacristán de la catedral de Winchester preguntó a un caballero cuando éste le requirió -como ya lo habían hecho otros caballeros o damas- por la tumba de Jane Austen. Durante su vida estuvo escondida tras un seudónimo, y sólo hacia el final de la misma fue descubierta por el médico que trataba a su hermano Henry y dada a conocer al Príncipe Regente que tanto admiraba su obra. 

Su primera biografía fue escrita por su sobrino James Edward Austen-Leigh, quien plasmó el retrato más cercano en el tiempo y, probablemente, más auténtico de la autora. Gracias a él, Jane ha podido ser amablemente conocida por sus lectores.

“Físicamente era muy atractiva; su figura era más bien alta y delgada, su paso firme y ligero, y toda su apariencia reflejaba salud y animación…de tez blanca y sonrosada, tenía las mejillas redondas, la nariz y la boca pequeñas y muy correctas, los ojos expresivos y de color avellana, y un pelo oscuro que caía formando rizos naturales alrededor de su cara…su rostro tenía un encanto muy especial para casi todos los que la miraban…Le gustaba la música, y tenía una voz muy dulce, tanto al cantar como al hablar…Leía francés con facilidad, y sabía algo de italiano…De niña, tenía fuertes convicciones políticas sobre asuntos de los siglos XVI y XVII, defensora ardiente de Carlos I y su abuela María…Al crecer, la política del momento llamaba muy poco su atención .Estaba muy familiarizada con las publicaciones periódicas…Conocía profundamente la obra de Richardson y tenía escritores preferidos” .

Jane Austen poseía un atractivo natural indiscutible. La clave de ello nos la ofrece nuevamente su sobrino: “No era, sin embargo, lo que sabía sino lo que era lo que la diferenciaba de las demás personas”. Ejercía una gran fascinación sobre los niños, queriéndolos, charlando alegremente con ellos, consiguiendo cualquier cosa divertida para un niño, contando historias maravillosas, riéndose mucho con ellos. Con su extraordinaria agudeza, poseía sobre toda una risueña influencia sin llegar a la censura o la sátira. Era muy habilidosa para la costura. Y todo esto, bajo “los sólidos cimientos del discernimiento y la sensatez, la rectitud de principios y la delicadeza de sentimientos, que la autorizaban a aconsejar, ayudar o divertir”.

Pero si todo esto son cualidades indiscutibles por las que una persona puede destacar sobre otras, la verdadera razón por la que cierto caballero buscaba la tumba de Jane Austen en la catedral de Winchester era otra. La encontramos en la obra a la que nos hemos ido refiriendo “Recuerdos de Jane Austen”: “Los lectores de hoy en día conocen el rango que normalmente se le asigna. El arzobispo Whately, en la crítica de sus obras, y Lord Macaulay, en la crítica de madame D’Arblay, les han explicado por qué Jean Austen merece ocupar el lugar más alto, por su fiel descripción del carácter humano, por estar considerada en este sentido como uno de los autores que más se acercan al gran maestro Shakespeare”

Durante su vida, no llamó la atención de otros escritores, ya que permaneció alejada de ese mundo y centrada en su entorno doméstico.  A pesar de ello ha logrado conseguir los más altos honores literarios.

La lucidez moral: el verdadero hilo de sus historias

El genio nace y se hace. Jane dio prueba de su talento bien pronto, interesándose desde niña por las composiciones literarias ligeras, dedicadas a algún miembro de su familia, y escritas de modo jocoso a modo de divertimento, en un inglés sencillo, libre de todo recargamiento. Destinadas a ser leídas en público, giraban en torno a la persona de la que trataban. Si su finalidad era ser representadas ante los miembros de la familia y los amigos, su contenido se encontraba lleno de los diálogos de sus personajes. También leía frecuentemente las obras que su padre guardaba en la biblioteca familiar. Su afición a la lectura y a la escritura las cultivó a la vez desde el principio, como demuestra su innata predisposición a escribir y a cultivar el género epistolar a lo largo de toda su vida. 

Escribió siempre a su manera, sin dejarse llevar por la búsqueda de la fama o por la moda del momento. Tal vez fue esta autenticidad en el tratamiento de los temas y de un estilo propio, los que la han convertido en una autora única e irrepetible. El centro de todos sus escritos fueron siempre los personajes. Sus novelas carecen de descripciones de lugares o cosas. Incluso en los personajes no fue la descripción física y externa de los mismos lo que ocupó su interés, sino la comprensión más profunda de sus caracteres y de sus almas. Por eso, hablar de Jane Austen desde nuestra actual perspectiva feminista o meramente social, resulta una visión totalmente anacrónica y, por tanto, desacertada. Ciertamente, sus novelas cuentan con mujeres como protagonistas, heroínas cuya heroicidad no la componen tanto sus hechos como sus principios y determinaciones. De ahí, que en lugar de hablar de feminismo en la obra de Jane Austen, cabría hablar de un personalismo primordialmente femenino, aunque sin perder de vista a los hombres, que cumplen un papel muchas veces determinante en la historia de las heroínas. 

En sus novelas, Jane Austen nos enseña que la plenitud humana comienza con la lucidez moral

El núcleo de su obra lo constituye el aprendizaje de los personajes principales, de modo que desde el inicio hasta el final de la obra van protagonizando una serie de cambios, promovidos por la aparición, el desarrollo y la maduración del amor hasta llegar al matrimonio. Se trata de un aprendizaje consistente en mejorar como personas, en pulir el propio carácter en beneficio personal y de los demás. Por todo ello, no puede olvidarse una finalidad ética en sus novelas.

En cuanto al tono irónico y jocoso de sus escritos, ocasionado por la aparición de personajes cómicos o ridículos, y surgido del propio temperamento de la autora y del entorno familiar que le rodeaba, fueron dejando paso poco a poco a un tono más profundo e intimista, acorde con sus propias circunstancias de maduración personal y de experiencias vividas.

Sólo el talento excelente y el ingenio imaginativo de la propia autora, así como el cariño que llegaba a tomar por sus personajes, son capaces de explicar el éxito y la aceptación universal que sus novelas – centradas todas ellas en la historias y relaciones de pequeños núcleos o comunidades familiares, y en el camino hacia el matrimonio por amor de sus protagonistas principales – han ido adquiriendo con el paso del tiempo. 

El legado de una mente serena y un corazón lúcido

En el 250 aniversario de la muerte de Jane Austen, podemos terminar estas reflexiones, trayendo a colación unas palabras de su biógrafo referidas al final de la vida de Jane: “Muchas cosas la ataban a la vida. Era feliz con su familia, empezaba a confiar en su propio éxito, y el ejercicio de su gran talento constituía sin duda un placer; pero fue capaz de prepararse para la muerte sin desmayo ni quejas. Era una cristiana humilde y creyente. Dedicó su vida a las tareas domésticas y a cultivar los afectos familiares, sin egoísmos ni avidez de aplausos. Buscó siempre, como por instinto, procurar la felicidad de cuantos la rodeaban, y es evidente que se vio recompensada con la paz de espíritu de sus últimos días. La dulzura de su carácter nunca se empañó. Siempre se mostró atenta y agradecida con quienes la cuidaban. En ocasiones, cuando se sentía algo mejor, recuperaba su carácter risueño, y hacía reír a todos…No sólo el curso de su vida fue poco variado, sino que, además, su temperamento era extraordinariamente apacible y mesurado. En ella no había nada excéntrico o anguloso; ninguna rudeza en su carácter; ninguna singularidad en sus maneras; ninguna sensibilidad malsana ni desmesura en sus sentimientos. El suyo era un intelecto equilibrado sobre los cimientos del sentido común, endulzado por un corazón tierno y regido por unos fuertes principios; así que lo único que la distinguía de otras muchas mujeres amables y sensatas era ese genio peculiar que brilla luminoso en sus novelas”.

Podemos preguntarnos cuál fue la intención de Austen en sus novelas. En mi opinión, la respuesta puede ser que aprendamos a leer en la propia conciencia para llegar a ser una persona decente, humanamente plena. Por este motivo la obra de Jane Austen no sólo es clásica, sino atemporal.

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