Para comprender lo que ocurre hay que conocer la realidad con toda su crudeza; y para conocer esas verdades hay que captar lo esencial y sus claves. Vamos a reflexionar sobre las 5 C de la Comunicación:
Comprender el mundo abarca una visión, o varias visiones variadas, poliédricas, casi como un caleidoscopio, y transversales, porque cada persona tiene la suya y somos muchos en este planeta. Mi visión es la de la comunicación y cómo entender conlleva querer o amar, al conseguirlo, pasamos a otra fase: quiero mejorar el mundo, soy responsable de llevarlo a sus orígenes y para ello, debo afrontar sus retos y sus errores.
El principal problema para la democracia, hoy y ahora, es este: el mundo huye de la verdad porque le compromete y la rechaza, la ignora o la manipula. ¿Qué planteamiento puede ser el correcto y a la vez compartido por una amplia opinión pública? El que busque la defensa de la libertad de expresión del periodista, el que respete el derecho al honor y la presunción de inocencia de sus habitantes y el que avale el derecho a la información veraz del ciudadano.
La verdad no se fabrica: se busca, se contrasta y se defiende frente a la manipulación
Se llama «desinformación», entendida como una poderosa arma de influencia en la opinión pública, ya que no siempre tiene que ser una mentira completa porque se juega con las verdades a medias: anula la credibilidad y la autenticidad, activos clave para el respaldo de la ciudadanía a la verdad. En ocasiones hay una cierta transparencia—más o menos invisible—por tactismo y estrategia. Los bulos buscan engañar a la opinión pública en favor de intereses económicos, políticos, ideológicos o totalitarios.
No es lo mismo propaganda que periodismo
No es lo mismo propaganda que periodismo, ni es lo mismo publicidad política de un coche que periodismo, ni opinión pública que defensa de la verdad, o promoción de un candidato que protección del ciudadano. Ni tampoco hay que confundir la credibilidad con los contenidos tóxicos, ni la opinión con la información, ni lo verdadero con lo verosímil, ni la manipulación de la información con fines electorales con la comunicación política, ni tampoco periodismo con una militancia o una ficción. Como afirma el maestro de periodistas, Kapuscinski: «cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante».
La verdad existe en los hechos; defenderla exige pensamiento crítico, ética y responsabilidad compartida
La Verdad, escrita con mayúscula o minúscula, existe y reside en los hechos, en la realidad, y en la actualidad: son los «relatos o las interpretaciones sesgadas» las que la desfiguran o manipulan. Pero como el hoy del liderazgo se traduce en polarización y autoritarismo—y ambos errores constituyen todo un peligro para el liderazgo ético y humanista—debemos fomentar nuestro pensamiento crítico, argumentar mejor para inspirar, denunciar lo irracional o visceral en favor de la inteligencia emocional, y exigir a los comunicadores la búsqueda de lo verdadero, lo veraz, saber contrastar las fuentes, una profesionalidad y un compromiso ético y responsable. Y a la ciudadanía hay que pedirle que se rebele ante los poderes públicos para exigirles transparencia, pluralismo político y, a la vez, que sea selectiva a la hora del exceso de información y cribe la paja del grano.
Comunicar lo verdadero, Criticar con libertad de pensamiento y argumentos sólidos, Convencer con el trabajo honesto y bien hecho o Convertir en oportunidades o fortalezas los desafíos y las amenazas: pueden constituir un excelente itinerario personal dentro de las 5 C de la Comunicación para cambiar el mundo y para contribuir a que sea mejor en nuestro entorno. Todo dependerá del “Cómo” lo hagamos.