Venimos del amor, necesitamos el amor para crecer y solo en el amor encontramos plenitud. El amor es el fundamento de nuestra existencia. Amar bien —con paciencia, humildad, verdad y entrega— no es una emoción espontánea, sino una elección diaria que construye hogar, identidad y sentido. Porque, al final, todo lo demás puede faltar; el amor, no.
Carta de una amiga en el día de la boda.
Querida amiga: Me has elegido en este día tan importante para que te hable del amor. Creo que estás en constante búsqueda de las cosas más importantes de la vida. Y, sin duda el amor es la principal. Porque podríamos tener todo lo demás, pero si no tenemos amor no tenemos nada. Si fuéramos las personas más ricas, inteligentes, brillantes y poderosas del planeta, pero nadie nos quisiera y nosotros tampoco quisiéramos a nadie, seríamos sin duda los más desgraciados. Por eso el amor es la clave de todo, el comienzo y el fin de nuestra existencia.
Venimos al mundo como resultado de la expresión física más grande de amor que hay entre dos personas. Cuando nacemos, necesitamos amor para crecer de manera sana (de hecho, como sabes, el cerebro de un niño no se desarrolla sanamente sin el amor de sus padres). Y hay algo común que refieren todas las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte – aquellas que por algún motivo han muerto y tras una reanimación han vuelto a la vida terrenal-, independientemente del sexo, edad, religión y raza, todos hablan de que tras morir se experimenta un amor inmenso, mucha felicidad y mucha paz.
Por tanto: venimos del amor, necesitamos el amor en la vida para desarrollarnos y cuando morimos regresamos de nuevo al amor.
El amor es el motor de todo lo bueno, todas las virtudes nacen del amor. “el amor es paciente, es servicial; no es envidioso, no presume, no se engríe, no es indecoroso ni egoísta. El amor no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca.”
Elegir amar bien, todos los días.
Por eso hoy os deseo a los dos que seáis:
– Pacientes: porque hay mucho amor detrás de la paciencia. Es un signo muy grande de amor por el otro. El “te espero” hasta que sanes, te acompaño en el proceso, buscamos ayuda juntos y trabajamos en ello, con tiempo, sin relojes ni prisas. Te espero, aunque me cueste, porque pongo delante el amor que te tengo a la incomodidad que me supone.
– Serviciales: porque no es real que en el matrimonio siempre va a poder ser todo 50%, 50%. Va a haber momentos en que alguno de los dos va a tener que poner más en unos aspectos y otro menos, y es natural. Porque, aunque, por supuesto, somos iguales en dignidad, cada uno es único e irrepetible. No tenemos las mismas cualidades físicas ni mentales, ni hemos vivido la misma vida. No tenemos las mismas experiencias ni las mismas heridas. Deseo que seáis generosos y podáis regalar el porcentaje mayor cuando os toque. Por otro lado, que tengáis la humildad de poder pedir ayuda y dar las gracias al otro cuando no lleguéis.
– No caigáis en la envidia: alegraos de los triunfos del otro como si fueran los vuestros propios, porque sois un equipo, ya no sois sólo tú y él. La victoria de uno es la victoria de los dos.
– No presumáis ni os engriáis: “dime de qué presumes, y te diré de qué careces”. Porque cuando conocemos la verdad, real, no nos hace falta la validación externa de los demás.
– No seáis egoístas : no os busquéis en el otro. A veces intentamos, en pareja, hacer al otro a nuestra medida. Es la tendencia egocéntrica de hacer “que el otro sea como yo”. Y los conflictos muchas veces surgen cuando el otro no piensa, no siente, no actúa como yo lo hago. Así que deseo que podáis aceptar al otro como es, incluso, no “a pesar de sus defectos” sino con sus defectos. Te quiero a ti, entero, con tus virtudes y defectos. No te quiero por ser como eres, sino por ser quién eres. Sin duda esto es algo muy difícil, muy exigente, pero creo que desde luego merece la pena recorrer ese camino de aceptación… porque si nos casáramos con nosotros mismos ¿qué gracia tendría? Deseo que podáis formar una familia, un hogar donde podáis llegar y descansar sabiendo a amados siendo exactamente como sois.
– No os irritéis: cuando hayan problemas, cuando algo os moleste del otro, id más allá. Tened en cuenta la historia de cada uno, sus heridas, tened en cuenta el contexto y la situación. Buscad entendimiento, el punto de encuentro. Recordad que no sois el uno contra el otro, sois los dos contra el problema. Siempre.
– No llevéis cuentas del mal: porque todos nos equivocamos y es natural. Intentad perdonad de verdad (al otro y a vosotros mismos). No llevéis un registro de lo que cada uno ha hecho mal. Deseo que podáis olvidar de corazón, reparando ese daño. Recordad que vosotros también habéis sido perdonados. Que el perdón va de la mano de la paz y la paz de la felicidad.
– No os alegréis de la injusticia: aunque sea a vuestro favor y salgáis beneficiados. Sed el cambio que queréis ver en mundo. Es verdad que no podemos cambiar el mundo entero, pero si podemos cambiar nuestra parte del mundo. Haced bien vuestra parte sin mirar cómo actúan los demás. Si queremos un mundo justo, seamos justos nosotros en nuestro día a día, en cada decisión que tomemos. Recordad que somos lo hacemos, no lo que decimos que hacemos.
Frente al tener, el ser; frente al egoísmo, la entrega.
– Buscad la verdad: siempre, porque la verdad existe, por eso a todos no duele que nos mientan. No todo es relativo como nos vende el mundo. Ese mismo mundo que nos engaña, que constantemente nos dice que la clave de la felicidad es el tener en lugar de ser. Tener mucho: dinero, prestigio, poder, bienes materiales… mucho “yo, me, mi conmigo”. Oirás:“Trabaja mucho, gana mucho dinero, que te admiren, que puedas comprar muchas cosas sin apenas tiempo para disfrutarlas y por el camino no pienses ni cuides a los que te rodean, no mires a los demás porque no tienes tiempo; recuerda que “necesitas trabajar mucho para ganar mucho”. Así entras en el círculo vicioso del consumismo, el egoísmo y el hedonismo. Grandes mentiras que nos alejan inmensamente de la felicidad real, que está justamente en lo contrario: en el amor, a uno mismo por supuesto, y a los demás.
– Deseo que os creáis y os esperéis: trabajar el amor, cuidarlo, cultivarlo, mimarlo de tal manera que crezca con vosotros con el paso de los años, para que soporte todo. Para que no pase nunca, porque la principal función del amor es permanecer. Pero no permanece sólo como ya sabéis. Supone un esfuerzo y una elección diaria.
Así que hoy deseo que elijáis libremente amaros bien todos los días, y que no os canséis nunca de estar intentándolo siempre.