Del yo inflado al hombre del futuro.

Una aproximación poliana a la libertad, el amor y la iniciativa divina. Manual breve para desentronizar el yo, con una referencia a la libertad como discontinuo de comienzos.

Autorrealízarse con Iniciativa.

No faltan autores, modernos y de otras épocas, que elevan la autorrealización y el yo a trono indiscutible, presentándolo todo con ropajes científicos y con el tono irrevocable de quien cree haber cerrado la cuestión. Sin embargo, tal seguridad recuerda aquello de Shakespeare: «el hombre se hincha de orgullo y cree ser sabio, pero nace tan solo como un asno salvaje»[1], señal de que el yo absolutizado suele decir más de su inflación que de su verdad. Se aleja de la tierra extendiendo su ego a la estratósfera ¿al infinito?

En efecto, resulta tranquilizador pensar que el hombre no hace sino buscarse a sí mismo y que su libertad permanece sólidamente asentada en una clausura originaria. Así entendida, la libertad no necesita exponerse a la aventura de la autotrascendencia: le basta con gestionar con cierta ciencia los límites que la constituyen y aceptar sin resistencia los condicionamientos físicos, psíquicos y sociales que la encuadran. Y, sin embargo, en medio de esta clausura tan razonable, solo cabe agradecer que nadie se tome en serio nuestra autosuficiencia, que no nos busque  ni tenga la delicadeza de salir a nuestro encuentro. Preferimos permanecer cómodamente ensimismados, olvidando la ajena iniciativa, aún si fuera divina.

¿Mirando hacia afuera?

Si la libertad se entiende sólo como encerrarse en uno mismo, aunque suene aparentemente estupendo, realista, se deja sin explicar algo clave de la vida de cualquiera: seguimos abiertos a un Tú que no hemos inventado ni manejamos, por más que a veces nos guste creer lo contrario. Justo ahí se nota el límite de una manera de pensar al ser humano como si solo se mirara, digamos, al propio triunfo. Para algunos aparece la posibilidad de entender mejor la libertad, no como un cierre, sino como una apertura trascendental al otro. Esta apertura, junto con lo que Tomás de Aquino llama intelecto agente y el amor personal, son trascendentales antropológicos. Somos libertad personal.

Si la libertad se entiende sólo como encerrarse en uno mismo, aunque suene aparentemente estupendo, realista, se deja sin explicar algo clave de la vida de cualquiera: seguimos abiertos a un Tú que no hemos inventado ni manejamos,

Cuando una persona mira al globo terráqueo y se pregunta por qué el mundo está tan desarreglado: en el fondo no se conforma con “hacer su vida, ser feliz” y ya. Porque lo que ella es, libertad, no cabe en un simple “repliegue[2] sobre sí misma”, sino que se juega siempre en relación con los demás y con un Tú que la llama, aunque ella no lo sepa.

El límite.

Si el hombre es libertad: esta comprensión de la libertad como repliegue sobre sí misma, aunque aparentemente sobria y realista, protectora del yo, deja sin explicar un dato decisivo de la experiencia humana: la persistente apertura del hombre a un Tú que no ha producido ni controlado, aunque a veces pretenda ese control. Precisamente ahí se hace visible el límite de una antropología cerrada en la autorreferencia[3]

Existir o co-existir.

La esperanza de futuro abre la posibilidad de una comprensión más alta de la libertad, no como clausura, sino como apertura constitutiva. Frente a aquella comprensión reductiva, Leonardo Polo sostiene que la libertad no se agota en la autorreferencia[4] ni queda clausurada en sí misma, porque su nivel propio no es el de la mera naturaleza ni el de las potencias, como una libertad de elección; sino el del acto de ser personal. Así, en cuanto trascendental personal, la libertad es ante todo coexistencia, es decir, apertura originaria a otro, y por eso es capaz de conocimiento y, de modo eminente, de amor. Como afirma Polo, “la libertad personal no es autorreferencia, sino apertura coexistente”.

Así, en cuanto trascendental personal, la libertad es ante todo coexistencia, es decir, apertura originaria a otro, y por eso es capaz de conocimiento y, de modo eminente, de amor

Desde esta perspectiva, la autotrascendencia no es un añadido extrínseco, sino la forma misma en que la persona es. Por ello, la iniciativa divina que busca al hombre no violenta su libertad, sino que la despierta y la eleva, haciendo posible una respuesta personal que no se reduce a actos aislados, sino que se expresa como permanencia amorosa.

En definitiva, la libertad humana no se entiende adecuadamente mientras no se la reconozca como coexistencia personal abierta al don y al amor. La libertad es más que decidir: es coexistir. Por eso, la libertad no culmina en la elección de sí, sino en la acogida del Otro que llama y permanece. Por eso como dice arriba:

“La libertad personal no es autorreferencia, sino apertura coexistente.[5]

Referencia a la Máxima Amplitud.

Y a todo esto ¿dónde quedó el yo? Y ¿el hombre del futuro? Si quiero inflar el yo buscaré como lograrlo, y si que se puede, hay múltiples ejemplos, tantos que nublaríamos el cielo. Sencillamente si se imaginan dos modos de entender la libertad: La libertad como clausura sería como vivir en una casa sin ventanas: yo decido todo lo que pasa, pero a costa de quedarme aislado, sin luz ni aire. Es la autoexaltación[6]. Todo se reduce a mi propio control, y lo que no controlo o no entiendo, no existe. Quien lo sustenta obviamente es un tonto.

En cambio, la libertad como apertura constitutiva se parece más a vivir con las puertas y ventanas abiertas: decido, mi libertad nace y crece en relación con los demás y con un Tú que me llama. No pierdo autonomía; más bien, descubro que solo soy verdaderamente libre cuando veo un futuro siempre irrestricto[7], que busca ser incluido atópicamente, esto es sin lugar, sin tiempo, en el Ámbito de la Máxima Amplitud[8], mi Fuente y Origen.


Notas

[1] Realmente no existe una versión en inglés original de esa frase en las obras de Shakespeare, ya que se trata de una cita bíblica mal atribuida (Job 11:12). La versión King James (KJV, 1611); una de las más influyentes, dice: «For vain man would be wise, though man be born like a wild ass’s colt.» La confusión persiste en memes y citas populares, pero críticos confirman su origen en la Biblia.

[2] Replegar es un verbo español que significa plegar o doblar algo muchas veces, como una tela o sábanas. En su forma pronominal «replegarse», indica recogerse en uno mismo o encerrarse en la intimidad, o bien, en contexto militar, retirar tropas de manera ordenada. Hecho de replegar: Ha adoptado una actitud de repliegue sobre sí mismo. Diccionario. Real Academia Española

[3] Auto-referencia: la autorreferencia es un concepto lógico y lingüístico sobre la capacidad de un sistema de referirse a sí mismo, que la RAE maneja a través de sus publicaciones y guías ortográficas sobre el prefijo «auto» https://www.google.com/searchq=%C2%BFque+es+autorreferencia+en+la+real+academia+espa%C3%B1ola&rlz=1C5CHFA_enMX1104MX1104&oq=%C2%BFQue+es+Auto-referncia

[4] Se dice que existe una autorreferencia cuando algo crea un regreso a sí mismo en sí mismo, en su definición, en alguna de sus interpretaciones o en su discurso. Es una voz formada por el griego αυτος (autos «a sí mismo») + el latín refero «llevar de nuevo” https://www.significadode.org/autorreferencia.htm#:~:text=Significado%20de%20autorreferencia&text=Se%20dice%20que%20existe%20una,al%20definirse%20a%20s%C3%AD%20misma.%22.
Un ejemplo podría ser: Susanita dice: “Necesito que me aconsejes, Mafalda. Decíme, ¿qué puedo hacer con una personalidad tan interesante como la mía?” (Series de Mafalda por Quino). Y en tono mas serio, se entiende que «La palabra ‘palabra’ hace una autorreferencia al definirse a sí misma.» Susanita se refiere a si misma.

[5] Antropología trascendental, OC, vol. VII, EUNSA. pp. 31-32.

[6] Autoexaltación: se presenta como único, incomparable, por encima de los demás. ¡No hay un quién como yo!

[7] Leonardo Polo caracteriza la libertad, en el nivel del acto de ser personal, como coexistencia irreductible a la autorreferencia; cfr. Antropología trascendental, OC, vol. VII, EUNSA.

[8] Cfr: La esencia del hombre Leonardo Polo Conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la universidad de Málaga.

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