El arte de pensar libremente

En un tiempo que nos empuja a vivir sin pensar, detenerse a reflexionar es un acto de libertad y de valentía.

Vivimos en un mundo vertiginoso rodeados de estímulos constantes que muchas veces nos impiden pensar y nos limitamos a seguir mecanismos automáticos cuya finalidad a veces ni atisbamos. Si en el 2021 estábamos ante un mundo VUCA: Volátil (Volatile), Incierto (Uncertain), Complejo (Complex) y Ambiguo (Ambiguous), ahora, en el 2025, se dice que estamos inmersos en un entorno BANI: Brittle (Quebradizo), Anxious (Ansioso), Non-liner (No lineal), Incomprehensible (Incomprensible). Precisamente por todo ello se hace más urgente pararnos a pensar, aunque el mundo, la sociedad, las prisas, el exceso de información nos lo impidan tantas veces. En este contexto, es fundamental redescubrir el arte de pensar libremente.

Somos libres para pensar por cuenta propia, pero ¿tenemos el valor de hacerlo?

Recuerdo una conferencia de Jutta Burggraf, pensadora alemana fallecida en el 2010, en la que utilizaba este título y preguntaba: ¿Somos libres para pensar por cuenta propia, pero ¿tenemos el valor de hacerlo? Tres cuestiones se plantean en esta pregunta: la primera es si pensamos; la segunda la relación del pensar con la libertad y la tercera si somos valientes para hacerlo.

Respecto a la primera cuestión hay que decir que pensar requiere cierta independencia de las opiniones ajenas, de los medios de comunicación, de los grupos de WhatsApp con los que mejor sintonizamos, etc. Tomar distancia nos permitirá no ser manipulados, y no dejar que los acontecimientos sofoquen nuestras inquietudes o que se nos impongan opiniones ajenas. Por eso un matiz de este afán de tener ideas propias, será la lectura y el diálogo para poder compartir ideas y aprender de otros. Cultivar el arte de pensar libremente nos ayuda a desarrollar una mente más autónoma y reflexiva.

Practicar el arte de pensar libremente nos hace más conscientes y responsables de nuestras elecciones.

Libertad sin pensamiento carece de sentido

El segundo aspecto es más complejo pero apunto, al menos, dos ideas: libertad sin pensamiento carece de sentido y nos convierte en personas superficiales, y frívolas que vamos detrás de ilusiones que nos esclavizan sin tomar decisiones coherentes porque no tenemos claro el sentido de nuestra vida.

Las decisiones pensadas, permiten vivir una vida llena de sentido y comprometida

El otro matiz es que la libertad no es un acto automático, ni mucho menos la ausencia de límites o de leyes que nos coaccionen, No. La libertad es la capacidad que tiene el ser humano de orientar su vida mediante decisiones pensadas, reflexionadas que llevan a asumir compromisos y permiten vivir una vida llena de sentido. Por ello, practicar el arte de pensar libremente nos hace más conscientes y responsables de nuestras elecciones.

Fortalecer el arte de pensar libremente

Respecto al tercer punto acerca de la valentía para pensar independiente y coherentemente quizá hoy en día la dificultad consiste no tanto en hacerlo sino en poder expresarlo. Es cierto que a veces el hombre tiene miedo a buscar, descubrir y aceptar la verdad, pero el clima social impide muchas veces manifestar dichas verdades o principios que guían la conducta personal. En mi opinión, el miedo es uno de los peligros más graves que nos acechan:  miedo a decir lo que uno piensa,  miedo a ir contracorriente si es necesario, miedo a no dialogar educadamente porque se ha generalizado un clima de desconfianza en torno a la verdad, miedo a ser etiquetado con calificativos humillantes. Solo superando estos temores podemos fortalecer el arte de pensar libremente y defender nuestras convicciones con autenticidad.

 

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