“Leer es dejarse transformar”: Entrevista con Rocío Ruiz sobre el poder de la lectura

Hablar de libros con Rocío Ruiz es sumergirse en décadas de experiencia entre estanterías, conversaciones con lectores y apasionadas tertulias literarias. Librera de vocación, ha dedicado buena parte de su vida a recomendar libros, organizar presentaciones y contagiar el entusiasmo por la lectura. Su reflexión sobre la experiencia de leer —profunda, vital, transformadora— plantea una tesis apasionante: la lectura como una experiencia vicaria capaz de cambiarnos por dentro

Rocío, empecemos por el núcleo de todo esto. ¿Qué te llevó a reflexionar sobre la lectura como una experiencia transformadora?

La experiencia, sin duda. No solo la mía personal como lectora, sino la de tantos lectores que he conocido a lo largo de mi vida profesional. En la librería vi de cerca lo que puede provocar un libro: personas que regresaban emocionadas, agradeciendo una recomendación, o compartiendo cómo una historia les había dado paz, cambiado la mirada o incluso ayudado en un duelo. Eso no es solo “leer un libro”. Eso es haber vivido una experiencia real, aunque sea a través de otro. Me di cuenta de que había ahí algo muy profundo que merecía ser pensado.

 Has rescatado una expresión muy potente: “experiencia vicaria de la lectura”. ¿Cómo la defines?

 Tener una experiencia vicaria es tener una experiencia en otro, a través de otro; con la lectura observamos, aprendemos, nos identificamos, con lo que leemos de otra persona y de otras situaciones. La experiencia vicaria de la lectura es aprender de otros; es vivir una experiencia que no es tuya, pero que te transforma como si lo fuera. En psicología, lo vicario es aquello que se aprende o se siente a través de otro. Leer permite eso: meterte en la conciencia de otro ser humano —real o ficticio— y vivir desde ahí. No como un simple espectador, sino como alguien que se implica, que se conmueve, que cambia. Leer, cuando es auténtico, nos educa emocional e intelectualmente.

¿Y toda lectura tiene ese potencial?

No toda. Depende de la actitud del lector, del tipo de texto y del momento. No es lo mismo leer para matar el tiempo que leer para descubrir. Pero incluso una novela ligera puede tocarte si encuentra una resonancia interior. Hay libros que pasan sin dejar huella, y otros que se quedan para siempre. Lo importante es saber elegir, o dejarse elegir.

 ¿Has observado esto en tus años como librera?

Muchísimas veces. Personas que no sabían qué leer y al recomendarles algo adecuado para su momento vital, descubrían algo de sí mismas. A veces me escriben años después. La lectura es una semilla, a veces brota mucho más tarde. Por eso hay que sembrar bien.

 Hablando de sembrar… ¿Qué consejos darías a padres y madres que desean que sus hijos lean más y mejor?

Primero: que ellos lean. Un niño que ve leer en casa asume que la lectura es parte de la vida. Segundo: que no impongan, sino que acompañen. Hay que ofrecer libros adecuados a cada edad, pero también a cada temperamento. A veces un niño no conecta con un clásico, pero sí con una historia gráfica o con aventuras. Hay que escucharles, observarles y celebrar sus hallazgos. Y tercero: crear rituales de lectura. Leer juntos, comentar lo leído, visitar librerías o bibliotecas como quien va de excursión.

¿Y qué podemos hacer los adultos para tener un plan de lectura más sólido?

Recuperar el criterio y no dejarse arrastrar por modas. Lo primero es preguntarnos: ¿qué quiero que la lectura me aporte? ¿Con qué autores quiero dialogar este año? Recomiendo elegir un par de temas (por ejemplo, la esperanza, la justicia, la memoria), un par de clásicos, un autor nuevo y, si puede ser, una biografía. También ayuda tener un cuaderno de lectura, anotar frases, preguntas, cambios de perspectiva. Leer con conciencia.

Entre los autores que has estudiado, ¿hay alguno que te haya impactado especialmente?

C. S. Lewis y Schumacher, por motivos distintos. Lewis, por su honestidad interior y por cómo la literatura y la fe se entrelazan en su vida. Schumacher, por su paso valiente de la economía al humanismo, al descubrir que la doctrina social de la Iglesia respondía mejor que cualquier sistema a los problemas del mundo. Ambos representan lectores transformados que luego transforman a otros con su escritura.

¿Y entre los actuales?

Jesús Montiel. Es un ejemplo de escritura desde lo invisible. No se deja arrastrar por la industria editorial, ni por la presión del mercado. Escribe desde el dolor y la esperanza, desde la belleza de lo cotidiano. Y eso toca profundamente al lector. Hay autores cuya obra reconcilia con la vida, y él es uno de ellos.

En un mundo tan ruidoso y acelerado, ¿crees que la lectura sigue teniendo ese poder?

Más que nunca. Hoy que todo es inmediato, la lectura nos devuelve la lentitud. En un tiempo donde se opina mucho y se escucha poco, los libros nos enseñan a escuchar. Leer es un acto de resistencia frente al ruido. Nos ofrece profundidad, libertad y una compañía real. Y no me refiero a “leer más”, sino a leer mejor.

 ¿Un deseo o propuesta final?

Que cada persona recupere una relación personal con la lectura. No como obligación ni como consumo, sino como camino de crecimiento. Leer para entender, para compartir, para ser más humanos. Y sobre todo, para saber —como decía Lewis— que no estamos solos.

Gracias por dedicarnos tiempo

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