Entrevista a Laura Montesinos: “El dolor no tiene la última palabra”

Laura Montesinos, médica, escritora y autora de «Tu muerte es vida» . Instagramer «Viajar entre líneas«, reflexiona en esta entrevista sobre el sentido del dolor y la esperanza en medio del sufrimiento. Su testimonio, ofrece una mirada profundamente humana sobre la vulnerabilidad y la esperanza.

Tras la muerte súbita de su marido, cuando ella era todavía muy joven y su hija apenas comenzaba a vivir, Laura tuvo que afrontar una de esas experiencias que rompen todos los planes y obligan a rehacer el sentido mismo de la existencia. De ese sufrimiento nació una mirada nueva: más consciente de la fragilidad humana, más atenta al dolor ajeno y también más abierta al sentido de la vida.

Encantada de entrevistarte. En Comprende el mundo partimos de una convicción: entender la realidad en su profundidad no es fácil. El mundo es complejo, multidisciplinar, incierto. Pero quizá haya un hilo conductor para comprenderlo mejor: el dolor. Por eso quiero que nuestra conversación vaya por ahí. Tú has vivido una experiencia muy dura: la muerte súbita de tu marido, con una hija muy pequeña. ¿Qué te pasó?

Para que la gente lo entienda, yo tenía 32 años, mi hija tenía 2 y mi marido 36. Teníamos la vida que siempre habíamos soñado. Y un día, el 18 de mayo de 2018, una muerte súbita se llevó a mi marido. No estás preparada para algo así, porque sucede sin avisar. Tu vida entera se desmorona. Yo me consideraba, pues una niña feliz que no había sufrido entre comillas, que le iba todo bien, ¿no? De repente, ese día se te cae la venda de los ojos y entiendes lo que es la vida, lo que es la muerte, a la que le tenía mucho miedo, y de repente se me presenta sin esperar, sin llamar, sin, sin poderme preparar. Y el sufrimiento, ¿no? Un sufrimiento desgarrador, porque no solo pierdo mi vida, sino pierdo el amor de mi vida, pero también pierdo mi vida entera, mis proyectos, mis planes. Mi niña tenía dos años. O sea, era como decir: ¿y ahora por dónde empiezo? Cuando todo mi corazón lo había puesto en eso… un sufrimiento que hay que vivirlo para saber lo que es..

¿Y qué hiciste? Gestionar ese sufrimiento significa también gestionar la propia vulnerabilidad.

Lo viví con naturalidad. Me di cuenta de que yo sola no podía. Hasta entonces me había sentido fuerte, autosuficiente, incluso empoderada, como se dice ahora. Pero en ese momento me hice muy pequeña. Comprendí que necesitaba de Alguien para poder seguir adelante.

¿Y quién era ese Alguien? Porque una cosa es algo y otra cosa es alguien, porque con algo no te sientes satisfecha, pero del alguien, ¿quién era el alguien? O ¿quién es el alguien?

Pues ese alguien es Jesús de Nazaret, es Jesucristo, es Dios. Y fue el que me rescató, porque yo aquel día, yo había sido católica practicante, pero yo siempre digo de ir a misa los domingos y ya está, ¿no? Pero ese día yo, descubrí a ese Dios que se me había presentado, que se me había enseñado, en el que yo había leído cosas sobre Él . Pero lo vi con los ojos del corazón. A mí no se me apareció ni nada de eso, ¿no? Simplemente, descubrí el amor de Dios. Y lo descubrí en el sufrimiento, porque Dios es Amor. Yo lo digo siempre: Dios es Amor, pero murió en la cruz por nosotros. Fue a través de ese sufrimiento como yo me identifiqué con ese Dios sufriente en la cruz. Y si Dios es Amor, pues mi corazón se transformó en amor. Y así es como yo empecé esa relación de amor con Él. Y hoy soy una persona nueva en la que no doy ningún paso en mi vida sin antes, eh, entre comillas, no consultárselo, porque no es que tenga yo que llamarle por teléfono, ¿no? Pero tengo una relación de vida con Él.

¿No es esa una experiencia excepcional? A muy poca gente le pasa algo así.

Totalmente. Yo le debo a Dios todo esto. Entonces, a mí ese día Dios me dio un regalo, me lo podía haber guardado para mí. Esa experiencia del corazón, de descubrir lo que es el amor, de descubrir que a través de la cruz uno puede encontrar el sentido de su vida. Y como yo tuve esa suerte y lo descubrí, pues hoy me veo en deuda con el Señor de contarle al mundo de que hay esperanza en el sufrimiento, de que el sufrimiento no es el final, de que la muerte no es el final, de que la vida ha vencido a la muerte y de que Dios, – ese Dios Amor- te abraza en el peor momento de tu vida y es el que te da la paz, la fuerza y el impulso, para seguir adelante en el peor momento de tu vida. Eso es lo que a mí me sostuvo.

Tu escribes, tienes presencia en redes a través de Viajar entre líneas y has publicado «Tu muerte es vida». Una cosa es sentir algo así y otra saber transmitirlo. ¿Cómo lo has conseguido?

Desde el principio sentí que tenía que contar al mundo lo que estaba viviendo, porque el mundo no me lo había contado a mí. Yo había entendido siempre el sufrimiento como algo negativo, algo que se oculta, algo que se evita. Pero descubrí que en medio de un dolor inmenso yo tenía paz y podía seguir viviendo con una forma nueva de felicidad. No hablo de una teoría ni de un dogma abstracto. Hablo de mi experiencia: de cómo, a través del sufrimiento, he encontrado paz, sentido y capacidad para seguir adelante.

Quizá eso tenga que ver con pasar del “por qué” al “para qué”; pero si tuvieras que explicar los porqués, los cómo, los qué, los para qué. A lo mejor si el porqué lo unimos al para qué, quizá se entienda mejor, ¿no?

Exactamente. Yo siempre vi muy peligroso instalarme en el “¿y si…?” o en el “¿por qué me ha pasado esto a mí?”. Eso te puede meter en una espiral muy destructiva. En cambio, me pregunté: “¿Para qué?”. Pues mira, el principal para qué de mi vida ha sido para yo transformarme como persona.

No soy perfecta. Tengo muchísimos defectos y limitaciones. Pero soy una persona nueva. Tengo un corazón renovado. He descubierto el amor de Dios y eso transforma el corazón humano.

Y además eres médica. Eso añade otra dimensión.

Pues sabes lo que pasa, que ese amor y esa transformación se ha trasladado a todas las esferas de mi vida y entre ellas mi trabajo, que es una parte importante de mi vida porque paso muchas horas en el trabajo. Uno de los grandes cambios, y que lo cuento en el libro, fue el cómo yo empecé a mirar a los pacientes. Antes de que me pasara esto, yo me quejaba mucho de mi trabajo, porque, bueno, en España, pues [risas] la medicina es dura. Entonces, yo, cuando entraba un paciente, pues veía a un paciente, ¿no? Pero cuando me pasó esto, empecé a ver personas. O sea, lo que entraba en mi consulta eran personas con problemas, empatizaba con ellas en su sufrimiento, en su dolor. Y yo hasta veía hasta el mismo Jesucristo en esas personas. Yo decía: «Es Cristo que entra en mi consulta». Es decir, fue una transformación de mi trabajo. Cambió mi forma de trabajar.

El dolor choca frontalmente con la sociedad del bienestar en la que vivimos. ¿Qué habría que hacer para pasar del bienestar al bien-ser?

El sufrimiento es inherente a la vida, es decir, forma parte de la vida y el mundo oculta algo que forma parte de la vida, ¿no? Entonces, esto es muy importante porque es darle espalda a algo que forma parte de nosotros. Entonces, cuando uno no oculta el dolor, lo integra a su vida y entiende el sentido que tiene en su vida, es transformador, ¿no? Y, cambia su vida. Ayer leyendo una entrevista de una chica que se fue de viaje y ha perdido a tres de sus hijos y a su marido en un accidente. Y decía: «Es que yo tengo dolor, pero, entiendo que están en el cielo y creo en Dios; les hablo y les vivo en presente» El dolor solo se puede entender desde el amor y entendiendo lo que es el sufrimiento, y es que transforma tu vida.

¿Y dónde sitúas la ciencia en todo esto?

La ciencia puede aliviar muchos aspectos del sufrimiento,pero luego están las experiencias que cada uno tiene, ¿no? Y hay algo que supera la ciencia, que es la espiritualidad humana y eso muchas veces es muy difícil de medir, pero forma parte de la vida y no lo podemos ocultar. El que quiera ocultar su espiritualidad y esa tendencia de amar y de creer en algo, que es propio del ser humano., lo tiene complicado. Todo eso forma parte del ser humano y no se puede eliminar sin empobrecer profundamente la vida.

Muchas veces lo más difícil de entender es el sufrimiento de los inocentes. ¿Qué hacemos ante eso?

Es una cuestión muy difícil. Estaba pensando ahora mismo en niños que han muerto,por un cáncer o por las guerras…La primera pregunta que sale es : ¿dónde está Dios? Pues Dios está ahí también. Y es muy complicado de entender, pero la perspectiva cambia cuando se comprende que la vida no se limita únicamente a lo visible, y que existe una dimensión más profunda que da sentido incluso a las experiencias dolorosas. Yo lo entiendo como que tenemos un pecado original y es así. Realmente Dios no mata a nadie. Dios nos deja hacer y la imperfección humana es la que nos lleva a las guerras y las guerras es lo que nos lleva a la muerte, ¿no? Y la imperfección humana nos lleva también a la enfermedad, y la enfermedad aparece, y vence al hombre, y, emtre comillas, el hombre muere.

Pero mira, si pensamos que la vida se agota solo en esta tierra, entonces sí. Todo resulta profundamente injusto. Hay personas que viven noventa años y otras que apenas viven tres. Pero yo he comprendido que esta vida no es la definitiva. Estamos hechos para una vida más allá. Y esa convicción lo cambia todo, porque cuando uno sabe que la vida que vive aquí es el preludio, es la preparación. Realmente la vida a la que estamos hechos es la vida eterna y esa es a la que tenemos que aspirar. ¿Y cuándo? nadie sabe el día y la hora. Yo a la gente le digo: «Vivird como si fuera el último día», porque yo ya lo he experimentado. O sea, un día estás y otro día no estás. No sabemos cuándo nos van a pedir la vida, pero cuando nos pidan la vida, que hayamos vivido como si fuera el último día. Y eso no significa vivir haciendo todo lo que quiero, sino vivir en la verdad, haciendo lo que uno debe, ¿no?

Eso va muy a contracorriente. Hoy se impone más bien la idea de una vida centrada en la imagen, la autosuficiencia o la perfección.

Sí, pero eso no hace feliz. A ver, pues cada uno que elija lo que quiera. Yo he decidido vivir haciendo lo que debo y lo que la vida a mí me pide para ser feliz. Si la gente se quiere centrar en su vida, en su yo, pues creo que eso al final , te crea un vacío enorme, ¿no?. Donde uno realmente crece es dándose a los demás. Eso es una cosa que yo también he aprendido muchísimo. Yo he tenido muchísimas oportunidades de vivir pensando en mí y en lo que yo quería. Pero muchas veces he dicho: «eso no me hace feliz«. Me hace feliz darme a los demás, abrir mi vida a los demás.

¿Qué papel tienen los silencios de Dios en todo esto?

Para mí todo se resume en la confianza y el abandono. Dios a veces parece callar, pero no se va nunca. Yo he intentado vivir abandonada en esa confianza: «si Tú has permitido esto en mi vida, aunque me sobrepase, tendrá un sentido. Voy a confiar en Ti.». Primero, es una transformación brutal de ti misma, ¿no? .Los que creemos, los que sabemos que Dios existe, los que sabemos que Dios está en nuestras vidas, es importante confiar en cómo va manejando los hilos. Yo me acuerdo que siempre me decían: «Tú es que ahora solo ves el tapiz y solo ves los nudos, ¿no? Pero Dios está configurando de tu vida un tapiz precioso. Hay que darle la vuelta.» Y entonces, eso es lo que yo realmente estoy viendo, porque han pasado casi ocho, y desde que ha pasado todo eso, he visto mucho dolor y mucho sufrimiento, pero también mucha gloria, he visto muchísima gente que ha descubierto la verdad. Yo a través de redes no me cansaré de contarle al mundo de verdad que hay esperanza en el dolor. No sé, he visto una belleza en todo este dolor. Yo siempre decía:»cuánta belleza hay en el dolor si tú lo enfocas bien»

Dostoyevski escribió que “la belleza salvará al mundo”. ¿Puede la belleza del dolor bien vivido ser un camino?

Cuando no entiendes el sentido del dolor o cuando piensas que no hay nada más y que la muerte es el final, ¿no? Porque no hay mayor dolor que una muerte, ¿no? Entonces, si tú te quedas ahí, pues es muy complicado. Sé de gente que no cree y que le ha pasado estas cosas y, y más o menos va tirando. O ha encontrado otros tipos de espiritualidad. Pero yo tengo que hablar de lo que yo he vivido y es la plenitud. Es decir, puedo estar en la desgracia más gorda de mi vida, que yo me siento en paz, porque entiendo el sentido de mi vida. Entiendo que yo no estoy aquí para estar aquí, sino que estoy aquí para vivir allí cuando Dios quiera y me llame. Entonces, eso transforma tu vida porque vives de otra manera. Yo ya no vivo para esta vida, sino vivo para la que realmente he sido creada .Sí, pero solo si se entiende desde el amor. Si uno piensa que la muerte es el final, entonces todo se vuelve insoportable. Pero cuando comprendes que la vida terrena no es la última palabra, tu manera de vivir cambia. Yo no vivo ya para esta vida solamente, sino para la vida a la que he sido llamada.

¿Qué le dices a las personas que se sienten fracasadas, vulnerables o rotas?

Pues yo les digo que busquen en ese dolor, en esa vulnerabilidad, en esos planos que se rompen, que busquen una oportunidad, porque la hay. O sea, de todo se puede sacar algo positivo, de todo. Y de esa, pues a lo mejor de una desgracia como la mía, pues simplemente yo he aprendido que no era tanto lo que yo me pensaba, que era mucho más pequeña de lo que yo me pensaba, que la vida no son mis planes y que hay que vivir el hoy y el ahora, y que en el hoy y el ahora lo importante es el amor. Y todo eso va cambiándote como persona y configurándote poco a poco.

Todas las personas que sufren, todas esas personas que, da igual lo que sea, a lo mejor es que te han echado del trabajo y eso es un gran drama, porque a lo mejor es un gran drama, de verdad. Entonces, busca una oportunidad en eso. ¿Qué puedo hacer yo con este dolor, con este sufrimiento? Voy a sacarle partido y voy a transformarme … O sea, es un trampolín de crecimiento enorme, el sufrimiento, pero bien enfocado, porque mal enfocado es destructivo. Puedes acabar con una depresión o una enfermedad mental importante, porque cuando uno solo le da vueltas al «¿por qué yo?» o al «Y si…» es muy peligroso . El sufrimiento, bien vivido puede transformarte profundamente.

Hoy vemos mucho sufrimiento entre los jóvenes, incluso suicidios. ¿Qué está pasando?

Y cada vez más. ¿Por qué? Porque el mundo necesita sentido. Yo creo que hay mucha gente que está sufriendo muchísimo, ¿no? .La gente se suicida, la gente entra en depresión, hay muchísimos problemas de salud mental, pero, por otro lado, hay un resurgir de la juventud. Y eso es una cosa que yo estoy observando muchísimo en redes sociales. ¿Por qué? Porque al, al joven de hoy en día ya no le sirve los cuentos, necesita sustancia, necesita acogerse a algo. Y yo creo que hay un cierto resurgir de la fe. Sobre todo en gente joven, movimientos de todo tipo, que están haciendo que la gente se acerque a Dios de una manera o de otra. ¿Y qué pasa? Que esos jóvenes son menos manipulables, son más libres, porque viven y empiezan a conocer la verdad. Y uno cuando conoce la verdad, y encuentra el sentido, es más libre y menos manipulable.

¿El dolor o se asume o se absolutiza? ¿Existe término medio?

Sinceramente, creo que no. Hay que asumir la propia realidad, tu dolor, abrazar la realidad que uno mismo tiene. ¿De qué le sirve al ser humano decir: «Yo no soy yo, o esto que me ha pasado no quiero que me pase»? O sea, te ha pasado, eres así, abraza tu realidad. Intenta ser feliz con lo que tienes y sácale partido. Y ahí está el problema, que la gente no quiere vivir o no quiere hacer o se niega a, a aceptar determinadas circunstancias de su vida. Y ahí es un gran problema, porque es vivir en contra de tu realidad. Y si tu realidad es el sufrimiento y tu realidad es la muerte y tu realidad es la enfermedad o tu realidad es tantísimas cosas, abrázalo, acéptalo, asúmelo y verás cómo eres más feliz y tienes más paz, porque encima vivir en contra de tu realidad, eso te genera un odio, un, un, un desasosiego que, que empeora tu realidad.

Entonces, lo más inteligente es aceptar lo que tienes. Y una vez lo aceptas, lo abrazas y vives en paz, aunque no te guste. Pues bueno, empieza a que te guste, porque es que no tienes otra y tienes que vivir con eso. Yo no puedo resucitar a mi marido, o sea, yo tengo que vivir siendo viuda, ¿no? Entonces, si yo tengo que vivir siendo viuda, voy a abrazar mi realidad de viuda. ¿Qué puedo hacer? Pues yo me he dedicado, me he dedicado a ayudar a través de redes sociales y a escribir y a dar charlas y a, y a explicarle al mundo que cómo yo vivía. Y eso a mí me ha hecho muy feliz. ¿Por qué? Porque veía que otras personas que a lo mejor estaban en mis circunstancias o a lo mejor estaban, eh, pues eso, sufriendo determinadas cosas, pues les ha ayudado algo, ¿no? Entonces, o sea, busca tu realidad, busca opciones. ¿Qué puedo hacer yo con esto que tengo? ¿Cómo lo puedo transformar?

Tú afirmas que el dolor no tiene la última palabra

Nunca la tiene. El dolor duele, muchísimo, pero no tiene por qué destruirte. Puede hacerte más libre. Yo nunca me he sentido tan libre como después de quedarme viuda. Antes era esclava de mis planes, de mis expectativas, de lo que se suponía que debía ser. Ahora intento vivir en la verdad: no haciendo lo que me apetece, sino lo que debo vivir.

Yo creo que es que el dolor transforma y si no te transforma, entonces tienes un problema. . Cuando sufres, tienes que sufrir y no puedes hacer nada, ¿vale? O sea, te pueden dar medicamentos, te pueden dar tal, parches, pero el sufrimiento duele mucho. Entonces, eh, yo, eh, encontré una frase de un sacerdote, y además es uno de los capítulos de mi libro, eh, que decía: «La cruz duele, pero no hace daño». Un sacerdote venezolano que es un sabio y que me encanta escucharlo, es monseñor Roberto Cipolla, por cierto, si alguien lo quiere escuchar, buenísimo. El dolor duele, pero no te hace daño, no es dañino para tu persona. Es decir, vas a sufrir, pero no, pero te va a transformar a bien, o sea, no te va a hacer daño, todo lo contrario, ¿no? Entonces, cuando la gente vive en contra de eso y le hace daño, pero porque no está viviendo el dolor como lo tiene que vivir, ¿no? El dolor hay que aceptarlo, hay que integrarlo en tu vida y transformarlo, es decir, eh, sacar oportunidad de él.

¿Qué “recetas” darías para que el dolor no nos hunda, sino que nos haga libres y nos ayude a encontrar sentido?

Pues mira, es un poco el resumen de toda la entrevista. Lo primero es aceptación, lo segundo es transformación. Es decir, yo acepto primero lo que tengo y luego lo transformo y saco oportunidad de ello. Y en el, en el momento en el que saco oportunidad de ello, empiezo a vivir en libertad y empiezo a vivir con paz y empiezo a vivir en la aceptación de mi realidad. Entonces, mientras uno no acepte su realidad, nunca va a ser feliz. Rechazr el dolor solo genera más sufrimiento, mientras que integrarlo abre la puerta a la paz y a la libertad interior.

Si aplicáramos un análisis DAFO al dolor, ¿qué encontraríamos?

Desafíos, todos y oportunidades muchísimas. La oportunidad de hacerte más pequeño, de ser más libre,de amar al prójimo, porque uno cuando se hace pequeño, empatiza mucho con el prójimo. Fortalezas es que uno se hace más fuerte. En mi debilidad yo me he hecho muchísimo más fuerte. Amenazas, muchas, porque la amenaza de que el mundo te diga que, que no, que no tienes que sufrir, que eso no está de moda, que vivas de espaldas al sufrimiento, ese es el mayor error. El mayor error es vivir de espaldas a tu realidad. Abraza tu realidad y serás feliz. El dolor no tiene la última palabra.

Entonces, ¿eso es ir contracorriente?

Yo no sé si es ir a contracorriente. Yo lo llamaría vivir en la verdad y de verdad. Vivir de verdad y en la verdad. Y eso es como yo vivo, con mis limitaciones, con mis defectos, que son muchos, pero es mi lema de vida. Es decir, yo quiero vivir en lo que sé que me va a hacer feliz y lo que sé que me hace feliz haciendo lo que toca. Y lo que toca es abrazar mi realidad, que es mi sufrimiento. Y ahí seré feliz, o sea, porque no tengo otra. Y además se puede encontrar siempre la felicidad en el sufrimiento y por eso escribo lo que escribo y digo lo que digo, porque de verdad lo he vivido en mi vida, a mí nadie me lo ha contado, yo lo he experimentado y, y por eso estoy aquí. Yo lo llamaría vivir en la verdad. Vivir de verdad y en la verdad.

Laura Montesinos, enhorabuenísima. Muchísimas gracias.

De nada.

https://www.instagram.com/viajarentrelineas

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