El presidente de la Argentina, Javier Milei, abrió el debate más interesante de los últimos tiempos en torno a la real aplicación de la inteligencia artificial en el mercado. Anunció hace pocos días la elevación al Congreso de la Nación del proyecto de ley que admite la creación de empresas sin ningún humano. Ni empleados. Ni jefes. Ni dueños.1
“Corporaciones no humanas” administradas por sistemas de inteligencia artificial. Esta idea fue cuestionada anticipadamente por el historiador israelí Yuval Harari en el encuentro anual de Davos de este año; sin embargo, ni él mismo imaginaba que cinco meses después Milei desataría una polémica mundial con una pregunta en el centro: si un algoritmo es el CEO de una empresa y la cosa termina mal… ¿quién responde?
La propuesta de Javier Milei se centra en tres pilares: el primero, liberalizar la IA. Segundo, crear una figura nueva, la «corporación no humana» —empresas operadas por agentes de IA o robots, con accionistas humanos opcionales—. Y tercero, generar una estructura de impuestos muy bajos para estas actividades.
Y todo esto fundamentado no en una visión futurista de la sociedad, sino en la Historia:
«Así como la revolución industrial nos liberó de los límites del músculo humano, la IA nos liberará de los límites del cerebro humano.»
Javier Milei
A su turno, Yuval Noah Harari, el autor de Sapiens, le contestó en el mismo Financial Times:
«No debemos otorgar personalidad jurídica a los agentes de IA»
Yuval Noah Harari
Según él, las nuevas corporaciones sin humanos estarían facultadas para poseer activos, contratar empleados, participar en el comercio internacional, iniciar demandas judiciales e incluso realizar donaciones a campañas políticas de manera directa. Ante lo cual, los mecanismos de control tradicionales perderían efectividad y, obviamente, estas corporaciones podrían derivar en formas inéditas de concentración de poder.
El riesgo de una personalidad jurídica sin responsabilidad humana
Cada vez menos optimista, el historiador israelí considera que la figura legal propuesta funcionaría como una llave que le permitiría a los sistemas de inteligencia artificial acceder a los ámbitos financieros, económicos y políticos con un grado de autonomía sin precedentes; y que, a diferencia de las corporaciones tradicionales, estas organizaciones no humanas gozarían de los beneficios de la personalidad jurídica, pero operarían sin la responsabilidad final de ningún ser humano.2
Estos argumentos contrastan con la ambición de Milei de provocar un nuevo hito en el sistema circulatorio de la economía. Algo a la altura de lo que pasó hace 400 años en Holanda con la creación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, primera sociedad de responsabilidad limitada y aceleradora del comercio mundial.
Para el presidente argentino, sería una figura “legal” y no un “invento” la causante de la nueva revolución capitalista, como fue en el pasado la “persona jurídica de responsabilidad limitada”.
La promesa del “solopreneur” y la pregunta por el trabajo humano
¿Quién no querría invertir en una empresa de estas características, aún más cuando sobrevuelan los casos de éxito de emprendedores solitarios que se hacen famosos como “solopreneur” de más de mil millones de dólares? Recientemente resonó el caso del norteamericano Gallagher, creador de MEDvi —operada por IA—,3 o inclusive, en su época, los creadores de Instagram, que alcanzaron cifras siderales con menos de 20 personas trabajando en la empresa.
¿Si un humano en solitario puede facturar millones, para qué necesitamos más gente?
Y ante esta pregunta convendría introducir en este debate a otro argentino, empresario del sector manufacturero, un industrial del vidrio en Argentina, llamado Enrique Shaw. Este hombre es objeto de estudio en prestigiosas universidades de negocios, existen innumerables publicaciones sobre su vida y legado, y fue reconocido en varias oportunidades por el papa Francisco, quien fue también impulsor del proceso que lo consagrara beato de la Iglesia Católica en breve, es decir, un modelo de virtudes para los católicos a nivel mundial. Y aunque no se hayan cruzado en X, tal vez nos ayude su mirada ante esta discusión que sin dudas le apasionaría.
Enrique Shaw y la empresa como comunidad de vida
Para Enrique Shaw4 (1921-1962), la empresa es una “comunidad de vida”, un espacio de realización personal y no solamente una sociedad con fines de lucro. Para él:
«Es indispensable hacer prosperar la empresa, pero no únicamente para ganar dinero.».5
Enrique Shaw
Siguiendo su razonamiento, podemos garabatear que se sumaría con un tuit que dijese:
«Debemos crear trabajo, y cuanto más eficiente sea nuestra labor, más recursos tendrá la Providencia para repartir entre pobres y necesitados.».”
Enrique Shaw
Definitivamente, Enrique nos recordaría desde su rol de dirigente de empresa que el hecho de hablar de “corporaciones no humanas” con el solo deseo de generar una revolución de concentración de poder y riqueza para —evidentemente— los dueños de los recursos actuales, usinas gigantes de tecnología, es hablar de un contrasentido y de un vacío moral difícil de subsanar.
El factor humano frente a la empresa sin personas
¿Para qué le serviría a los humanos permitir que existan y consumir derivados producidos por empresas no humanas? Las mismas que podrían existir sin ningún trabajador humano, generando un proceso de precarización hasta que se extinguiese el “factor humano” en la generación de riqueza.
Definitivamente, para un hombre que hacía participar activamente a sus trabajadores, dotándolos de sentido y pertenencia, le resultaría abismal perder la dimensión humana de cualquier proyecto humano…
Si la empresa expresa la personalidad de quienes la componen, empezando por sus dirigentes, ¿qué clase de “empresarios” serían estos algoritmos?
Más allá de la discusión técnico-jurídica o incluso de la maximización económica de la propuesta, ¿qué empresa no humana no terminaría atentando contra la dignidad del propio ser humano? No como agente consumidor, sino como constructor de su propia sociedad.
Tal vez Enrique aportaría:
«El desarrollo que propiciamos además del legítimo dominio sobre lo material debe procurar el desarrollo de la personalidad, promover la unidad del mundo y el intercambio entre las personas, y facilitar el ejercicio de la caridad, única virtud que subsistirá.».5
Enrique Shaw
El modelo de empresario sería aquel que promueva como centro de la actividad económica el amor al prójimo, al ser humano real de carne y hueso. Aquellos de quienes están prescindiendo en este debate los contendientes.
Seguramente Shaw agregaría:
«Todos queremos conquistar, todos queremos enriquecer, pero no para satisfacer ningún ansia de dominio sino para tener más que ofrecer a Dios.».
Enrique Shaw
Notas al pie
- Columna de Milei en el Financial Times — “Argentina invites AI to free itself” (junio 2026): https://ft.trib.al/XBowclw
- https://www.lanacion.com.ar/politica/yuval-harari-cuestiono-a-milei-por-su-iniciativa-de-crear-empresas-no-humanas-a-traves-de-la-ia-nid08062026/
- https://www.techdirt.com/2026/04/07/the-new-york-times-got-played-by-a-telehealth-scam-and-called-it-the-future-of-ai/
- https://www.enriqueshaw.com/2023/11/14/lee-todos-los-libros-sobre-enrique-shaw-aqui/
- http://enriqueshaw.com/material/Libro_Y_dominad_la_tierra_Mensajes_ES_compilacion_2010.pdf