En un mundo caracterizado por la inmediatez, la saturación de estímulos y la constante exigencia de resultados, la infancia corre el riesgo de transcurrir sin pausas para contemplar y maravillarse. La educación, en este escenario, tiende a priorizar la eficiencia, la memorización rápida y la producción medible, olvidando que su propósito último no es solo instruir, sino también cultivar personas …
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