Este artículo aborda la eterna carrera espacial, poniendo de manifiesto el dilema fundamental entre la exploración humana y la robótica.
Desde la perspectiva bioética, el ser humano presenta una vulnerabilidad extrema en el entorno cósmico debido a que nuestra biología, moldeada en la Tierra, no está hecha para el espacio; la radiación daña el ADN y la ausencia de gravedad atrofia el cuerpo. Aunque en la historia del programa Apolo se argumentó que las sondas no tripuladas eran más lógicas y eficientes para la obtención de datos científicos, los intereses políticos, impulsados inicialmente por la Guerra Fría, impusieron la gesta humana. Actualmente, esta tensión se ha reactivado por la competencia geopolítica entre Estados Unidos (programa Artemisa) y China, sumada a la irrupción de intereses comerciales del sector privado, lo que obliga a reevaluar éticamente la justificación de exponer la vida humana a riesgos extremos en el espacio a cambio de objetivos como la supremacía global o el establecimiento de normas comerciales.
El dilema para el espacio: ¿Humanos o robots?
El ser humano no está hecho para el espacio. Nuestra biología, moldeada por millones de años de evolución en la Tierra, es extremadamente vulnerable fuera de su atmósfera. La radiación cósmica daña el ADN, las temperaturas oscilan entre extremos letales, los –270 °C del vacío interestelar o los 5.000 °C en la superficie del Sol, y la ausencia de gravedad atrofia nuestro cuerpo. Esta vulnerabilidad fundamental llevó a muchos científicos a defender desde el principio la exploración robótica como la opción más lógica y eficiente.
En los años sesenta, figuras como el astrofísico Thomas Gold y el físico nuclear y editor de la revista Science, Philip Abelson, se opusieron firmemente a las misiones tripuladas del programa Apolo, argumentando que las sondas no tripuladas proporcionaban mejores datos científicos a un coste inmensamente menor. Sin embargo, los intereses políticos han impuesto una y otra vez la presencia humana en el espacio exterior.
La Guerra Fría impulsa la gesta lunar
La carrera espacial fue un producto directo de la Guerra Fría. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética compitieron por la supremacía global en todos los frentes. El 12 de abril de 1961, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin se convirtió en el primer ser humano en orbitar la Tierra, un hito que fue percibido en Washington como una humillante derrota.
Nota del presidente Kennedy reaccionando a la puesta en órbita de Yuri Gagarin.
La reacción del presidente Kennedy fue inmediata. En la semana siguiente en una nota a su vicepresidente, preguntó sin rodeos: “¿Tenemos alguna posibilidad de vencer a los soviéticos […]? ¿Hay algún otro programa espacial que prometa resultados dramáticos en los que podamos ganar?”[1]. Apenas un mes después, solicitó al Congreso los fondos para un objetivo que cambiaría la historia: “Creo que esta nación debe comprometerse a alcanzar el objetivo, antes de que termine esta década, de llevar a un hombre a la Luna y traerlo de vuelta sano y salvo a la Tierra. Ningún otro proyecto espacial en este periodo será más impresionante para la humanidad, ni más importante para la exploración a largo plazo del espacio.”[2]
El Congreso aprobó el plan, a pesar de que las encuestas mostraban que la mayoría de los estadounidenses se oponían al colosal gasto de 40.000 millones de dólares que supondría. La carrera hacia la Luna había comenzado.
El programa Apolo: modelo de gestión y desarrollo tecnológico
Los discursos de Kennedy no solo cambiaron la opinión pública, sino que forjaron un espíritu de misión que movilizó a más de 400.000 personas: científicos, ingenieros, técnicos o astronautas, que pusieron su conocimiento y su pasión al servicio de un sueño. Cuando Kennedy visitó las instalaciones de la Nasa por primera vez, se encontró con un conserje que llevaba una escoba por el pasillo. El presidente le preguntó casualmente qué hacía para la NASA, y el conserje respondió: “Ayudo a llevar al hombre a la Luna”[3]. Anécdota que, aunque no está demostrada su veracidad, captura a la perfección la unidad de propósito que impregnó el proyecto.
El programa Apolo se convirtió en un modelo de gestión y desarrollo tecnológico. Kennedy (“…elegimos ir a la Luna en esta década…”) no dejó lugar a la ambigüedad. El establecimiento de una meta clara, inspiradora y con una fecha límite inamovible fue determinante. Como sintetizó el astronauta Story Musgrave, Apolo tenía todos los elementos de un proyecto exitoso: un enfoque, unos requisitos, un objetivo y un calendario claros.[4] En el camino, impulsó avances vertiginosos en computación, materiales y sistemas de navegación que convirtieron la ciencia ficción en realidad.
Tras la Luna: pausa en la exploración humana
Tras la conquista lunar, la ausencia de una amenaza geopolítica comparable a la Guerra Fría apagó el interés político y diezmó los presupuestos. La exploración humana se limitó a la órbita terrestre baja, con programas como el Transbordador Espacial y la Estación Espacial Internacional (ISS), concebida como laboratorio de microgravedad y plataforma de cooperación internacional.
En paralelo, la exploración robótica alcanzó logros extraordinarios: sondas legendarias como las Pioneer, Voyager, Viking, Cassini-Huygens y New Horizons expandieron nuestro conocimiento del sistema solar de forma extraordinaria. Sin embargo, esta estrategia tuvo un coste. La falta de gestas humanas generó una desconexión con el público y la frustración de científicos como Carolyn Porco, líder de imagen de la misión Cassini, quien en 2007 lamentó: “Nos retiramos a la órbita terrestre baja, donde hemos pasado los últimos 25 años dando vueltas en círculos… los seres humanos no han pisado la Luna en 35 años”[5].
El despertar de China y el regreso del hombre a la Luna
Cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca en 2017, se encontró con una China decidida a disputar el liderazgo global, también en el ámbito espacial. Y fiel a su lema Make America Great Again que tomó de Ronald Reagan, quiso dar un golpe de efecto recuperando la grandeza estadounidense en los logros espaciales. Ofreció a la NASA financiación ilimitada para llevar a cabo una misión tripulada a Marte antes de finalizar su primer mandato[6]. La respuesta fue clara: estaba pidiendo lo imposible y tuvo que conformarse con un calendario más realista. En diciembre de ese año, se anunció el programa Artemisa, con el objetivo de devolver astronautas a la Luna como paso previo a Marte[7] El plan se estructura en tres fases: un primer vuelo no tripulado, Artemisa I (realizado con éxito en 2022), un segundo vuelo tripulado alrededor de la Luna, Artemisa II, y finalmente un alunizaje humano, Artemisa III.
La misión Artemisa I despegando hacia las inmediaciones de la Luna en 2022.
Sin embargo, los retrasos del programa estadounidense contrastan con los firmes avances de China, que se ha comprometido a enviar astronautas a la Luna para 2030. Como ha señalado el astrofísico Jacco van Loon, “parece realista pensar que China pueda superar a Estados Unidos en una carrera que América, podría decirse, definió”[8].
Al regresar a la Casa Blanca en 2025, Trump intensificó la apuesta, convencido de que “no se puede ser el número uno en la Tierra si se es el número dos en el espacio”[9]. Para acelerar el regreso a la Luna, ha recortado drásticamente la financiación científica de la NASA, cancelando 41 proyectos. El administrador interino, Sean Duffy, lo dejó claro: “Me comprometo a que volvamos a la Luna antes de que el presidente Trump deje el cargo. […] Ganaremos la segunda carrera espacial”[10].
¡Más madera!: El interés comercial del nuevo sector privado
A esta rivalidad geopolítica se suma la irrupción de una potente industria espacial privada. Empresas como SpaceX y Blue Origin, impulsadas por intereses comerciales que van desde el turismo espacial a la minería de asteroides, han pasado de ser contratistas a pioneros. Su capacidad para reducir drásticamente los costes ha cambiado las reglas del juego.
Hoy, la NASA actúa en gran medida como un cliente que compra servicios a estas compañías, confiriéndoles un peso estratégico creciente. Y son conscientes de la importancia de ser pioneros. Como ha expresado Mike Gold, ex administrador asociado de la NASA y hoy dirigente de una empresa espacial privada, hay mucho en juego: “Los países que lleguen primero establecerán las normas sobre lo que podemos hacer en la Luna”[11].
Artemisa II: el regreso de la humanidad a la Luna, en directo
La espera está a punto de terminar. Próximamente, en febrero de 2026, el mundo entero participará en directo en una nueva gesta espacial. Cuatro astronautas, una mujer y tres hombres, emprenderán un viaje de 10 días en el que circunnavegarán la Luna y contemplarán su cara oculta.
Los astronautas de la Nasa Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Hammock Koch y el de la CSA (Agencia Espacial Canadiense) Jeremy Hansen, que volarán en la misión Artemisa II.
El comandante de la misión, Reid Wiseman, ha declarado que él y su tripulación “verán cosas que ningún ser humano ha visto jamás”[12]. Pero, en realidad, será toda la humanidad la que comparta esa experiencia, ya que la NASA hará realidad su lema, Esta vez, nos llevamos al mundo con nosotros, transmitiendo en alta definición imágenes tanto del interior de la nave Orión como de las vistas exteriores que se capten en cada momento.
Por ahora, Estados Unidos mantiene el liderazgo. Y el espectáculo que supondrá el Artemisa II así lo exteriorizará. Sin embargo, el siguiente gran hito, volver a pisar la Luna, depende tanto del éxito de esta misión como del desarrollo del módulo de alunizaje HLS, que sigue acumulando retrasos. Mientras tanto, el programa chino avanza con paso firme. La tensión geopolítica y la ambición comercial son, paradójicamente, la mayor garantía de que la carrera por el cosmos continuará.
OBSERVATORIO DE BIOETICA UCV|15 octubre, 2025|BIOÉTICA PRESS, Ciencia y fe, Informes. Universidad Católica de Valencia
[1] Memo from President John F. Kennedy to Vice President Lyndon Johnson, April 20, 1961 U.S Capitol Visitor Center https://www.visitthecapitol.gov/artifact/memo-president-john-f-kennedy-vice-president-lyndon-johnson-april-20-1961?
[2] President Kennedy’s Special Message to the Congress on Urgent National Needs, May 25, 1961 John F. Kennedy Presidential Library and Museum
[3] Joe Byerly The Janitor Who Helped Put a Man on the Moon From the Green Notebook November 4, 2017 https://fromthegreennotebook.com/2017/11/04/the-janitor-whohelp-put-a-man-on-the-moon/
[4] Lane Wallace At What Price the Moon? The Atlantic May 25, 2011
[5] Carolyn Porco NASA GOES DEEP Edge [2.27.07]
[6] Olivia Nuzzi How Trump Offered NASA Unlimited Funding to Go to Mars in His First Term Intelligencer JAN. 22, 2019
[7] Manuel Ribes Una nueva carrera espacial OBSERVATORIO DE BIOETICA UCV 7 octubre, 2022
[8] Jacco van Loon The US is now at risk of losing to China in the race to send people back to the Moon’s surface The Conversation October 25, 2024 https://doi.org/10.64628/AB.s5kgdmg5u
[9] Jason Hoffman and Nicky Robertson Trump touts America’s spirit after successful launch of NASA/SpaceX rocket CNN May 30, 2020
[10] Preston Mizell NASA says America will win ‘the second space race’ against China Fox News September 04, 2025
[11] Josh Dinner US in real danger of losing the moon race to China, experts tell Senate Space September 4, 2025
[12] Pallab Ghosh Meet the history-making astronauts headed for the Moon BBC NEWS 24 September 2025