Disfrutar del verano

Disfrutar del verano puede ser algo más que abrir un paréntesis de descanso. En medio del calor, las noticias, las redes sociales y las prisas acumuladas durante el año, las vacaciones ofrecen una ocasión privilegiada para recuperar libertad interior, contemplar la naturaleza, leer sin urgencias y, sobre todo, cuidar mejor a quienes tenemos cerca. Estas claves sencillas invitan a vivir el verano no desde el consumo o el aislamiento, sino desde la atención, la gratitud y la alegría compartida verano puede ser algo más que un paréntesis de descanso.

El verano como tiempo de descanso y contraste

Los meses de julio y agosto son los meses de verano en el hemisferio boreal, esto es, en el hemisferio norte, mientras que se corresponden con el invierno en el hemisferio austral. En este año 2026 el verano, al menos en sus primeras semanas, se ha caracterizado por las sucesivas olas de calor y por el campeonato mundial de fútbol que ha apasionado a tantos.

En mi caso, he tenido la magnífica oportunidad de trasladarme por tres semanas, desde mediados de julio, al Hotel Val de Ruda en Baqueira, la famosa estación de esquí pirenaica a la que suele acudir la familia real española. En invierno hay aquí millares de personas practicando deportes de nieve, mientras que en el verano se transforma en un apacible y hermoso refugio de montaña para disfrutar de la naturaleza y de unas noches frescas.

Seis claves sencillas para disfrutar del verano

Como profesor de filosofía, me he parado a pensar en cuáles podrían ser las claves para disfrutar de las vacaciones de verano, partiendo de mi experiencia personal. Como solía recordar el profesor Leonardo Polo, los filósofos decimos siempre lo obvio. Es así, pero pienso que poner esas ideas aquí por escrito me ayuda a mí y puede ayudar también a otros. Las voy a enumerar para hacer más simple su identificación:

Desconectar para ganar libertad interior

  1. Desconectar de las noticias online, de los telediarios, periódicos y del scrolling infinito de las redes sociales. Es una ganancia formidable de libertad interior y exterior; además, al desconectar de las redes, liberamos un tiempo precioso que podemos dedicar a los demás o a otras tareas.

No aumentar el calor con la queja

  1. No quejarse jamás del calor. Por así decir, las quejas suben la temperatura. En el Mediterráneo, los ventiladores silenciosos ayudan mucho a garantizar un sueño más o menos tranquilo.

Mover el cuerpo según la edad y la salud

  1. Hacer ejercicio físico adecuado a la edad y a las condiciones de salud; si no es posible en la montaña —como gracias a Dios puedo hacer yo en estas semanas—, por lo menos en un parque o jardín. Los paseos por recorridos llanos o con pendientes ligeras son estupendos para cualquier edad.

Contemplar la naturaleza sin prisas

  1. Contemplar la naturaleza sin prisas: el cielo, las nubes, las montañas, los árboles, las flores y los insectos, los ríos con su rumor sonoro, los pájaros que cruzan el cielo, el soplo amable de la brisa. Además, hay que respirar aire limpio, que ensancha por dentro y a mí me lleva a sentir a Dios, creador del cielo y de la tierra.

Leer por placer y con placer

  1. Dedicar algún tiempo, si es posible diario, a la lectura: novelas, ensayos, poesía. No importa que no sean las obras cumbre de la literatura; lo importante es que leamos por placer y con placer. En estos momentos, acabo de comenzar las Crónicas marcianas (1950), de Ray Bradbury, con el estupendo prólogo que escribió Jorge Luis Borges en el otoño de 1954 para la edición española.

Cuidar a quienes tenemos cerca

  1. Lo más importante para disfrutar del verano es poner toda nuestra atención en cuidar con cariño y esmero a las personas que tenemos alrededor: familia, amigos, vecinos, desde el policía municipal y el camarero que nos sirve hasta los familiares con los que convivimos más estrechamente. Todos tienen derecho a nuestra atención y a nuestra sonrisa.

Vivir el verano desde los demás

Releo estas seis recomendaciones y me parecen bastante obvias, pero la más decisiva es esta última: vivir la vida de los demás. La publicidad consumista que alimenta el egoísmo privado es una trampa mortal. Más aún, la única manera de disfrutar realmente del verano es empeñándonos, con nuestro esfuerzo y con nuestra generosa atención, en que los demás disfruten y estén a gusto.

¡Feliz verano! Y para quienes lean este post en el hemisferio austral, puedo decirles que estas claves pueden también vivirse en el invierno y que, si lo hacen así, posiblemente se sentirán más felices.

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