El Camino de Santiago: viaje interior y exterior. Entrevista a Conchita Bernárdez

El Camino de Santiago atraviesa pueblos, paisajes, iglesias y siglos de historia, pero quienes lo recorren descubren con frecuencia que existe también otro Camino: el que se hace hacia dentro. Conchita Bernárdez lleva vinculada al Camino desde 1993 y preside la Fundación Conchita Bernárdez, nacida con el propósito de conservar y transmitir a las nuevas generaciones su patrimonio material, cultural y espiritual.

Con ella hablamos de los orígenes de la peregrinación jacobea, de sus diferentes rutas, de la experiencia transformadora del peregrino y del riesgo de convertir el Camino en un simple producto turístico. Pero también de hospitalidad, encuentro, silencio y de algo que Conchita repite a lo largo de la conversación: para comprender verdaderamente el Camino hay que dejar que el Camino entre en nosotros.

Empecemos por la historia. ¿Cómo nace el Camino de Santiago?

El Camino de Santiago nace en el siglo IX, a raíz del descubrimiento de los restos del Apóstol Santiago, en el lugar donde actualmente se encuentra la Catedral de Santiago. La catedral abraza ese edículo romano donde fue enterrado Santiago. El Apóstol había regresado a Jerusalén y allí, en el año 44, el rey Agripa mandó encarcelarlo y matarlo a cuchillo.

Según la tradición jacobea, después del martirio de Santiago en Jerusalén, sus discípulos Atanasio y Teodoro trasladaron sus restos por mar hasta Galicia. La embarcación habría remontado la ría de Arousa y llegado a la zona de Iria Flavia, antigua ciudad de origen romano situada en la actual Padrón, desde donde los restos fueron conducidos tierra adentro hasta el lugar en el que posteriormente se levantaría la Catedral de Santiago de Compostela.

Es interesante explicarlo porque hay quien se pregunta cómo es posible que Santiago, después de morir en Jerusalén, aparezca enterrado en Galicia. ¿Existen indicios arqueológicos?

Sí. Se han producido muchos hallazgos, sobre todo durante los siglos XX y XXI, que aportan indicios que vienen a verificar la posibilidad de que los restos que están en esa tumba sean los de Santiago Apóstol.

Es lo que llamamos la tradición jacobea. Y a los peregrinos nos vale también la tradición: venimos con fe recorriendo kilómetros.

No existe un único Camino de Santiago. ¿Cómo fueron apareciendo las diferentes rutas?

A lo largo de la historia se fueron configurando distintas rutas. La primera fue el Camino Primitivo, que recorrió Alfonso II el Casto, rey de Asturias. Partió desde Oviedo para verificar las reliquias y construir la primera iglesia.

Posteriormente comenzaron a llegar peregrinos por la cornisa cantábrica, dando lugar al Camino del Norte. Más tarde las rutas se desplazaron hacia la Meseta y se constituyó el Camino Francés.

Después llegaron los portugueses por el Camino Portugués; las gentes del norte de Europa por el Camino Inglés; y desde el sur de España a través de la Vía de la Plata, el camino Sanabrés…

Actualmente incluso puede hacerse una parte del Camino en barco.

Sí. Hay diferentes posibilidades. Una de ellas es la ruta marítima por el mar de Arousa y ría Ulla, que de alguna manera reproduce el último trayecto que hicieron Atanasio y Teodoro transportando los restos de Santiago.

Puede recorrerse en barco o a remo y posteriormente realizar el último tramo a pie. También existe una ruta por la ría de Muros e Noia

El Camino no ha tenido siempre la enorme popularidad actual. ¿Cuándo vivió su gran momento histórico?

La Edad de Oro del Camino fue la Edad Media, especialmente a partir del siglo XI. Es también la época vinculada al Códice Calixtino.

Posteriormente pierde fuerza por diferentes circunstancias históricas: la peste negra, las guerras de religión, la Ilustración…

Durante el siglo XX tenemos además las dos guerras mundiales y, entre ambas, la Guerra Civil española. El Camino prácticamente llegó a desaparecer.

También aparecieron otros medios de transporte: el autobús, el coche, el tren, el avión. Y las peregrinaciones a pie fueron perdiéndose, como ocurrió también con las peregrinaciones hacia Jerusalén y Roma.

Pero en los años setenta y ochenta confluyeron una serie de acontecimientos que hicieron que el Camino resurgiera. Y desde entonces ha crecido enormemente.

Todos llegamos al Camino buscando algo

Hemos hablado de historia, pero probablemente lo más importante sea el sentido del Camino. ¿Qué busca actualmente una persona cuando decide hacerlo?

En la Edad Media las personas venían fundamentalmente para purificar su alma de sus pecados. Era el carisma fundamental del Camino. Además, se jugaban la vida. Hacían testamento antes de partir porque no sabían si regresarían.

Ahora las motivaciones aparentemente pueden ser muy diferentes: buscar una experiencia cultural, vivir una aventura, conocer personas, superar un duelo…

Pero lo que nosotros vemos es que todas las personas tenemos algo en común: vamos al Camino buscando, buscando un sentido para la vida, buscando respuestas a preguntas.

Me atrevería incluso a decir que, muchas veces, la persona no sabe que viene en actitud de búsqueda. Si le preguntas, probablemente no te dirá que viene buscando algo. Pero realmente viene buscando.

Y si llega con una actitud abierta, sin prejuicios y dispuesta a escuchar, encontrará respuestas incluso a cuestiones que nunca se había planteado. Va a encontrarse consigo misma y va a encontrarse con los otros.

En el Camino nos gusta decir que puedes caminar al lado de un mendigo o al lado de un príncipe y no sabes quién es quién. Porque el Camino nos iguala a todos. Estamos todos buscando.

Somos homo viator: seres humanos que caminan. Siempre caminamos y siempre estamos buscando algo más.

¿Has conocido personas cuya vida haya cambiado después de hacer el Camino?

Muchísimas. Cada año acompañamos a cientos de peregrinos y todos se van felices, llenos y con una energía diferente.

Recuerdo especialmente el testimonio de una peregrina muy joven. Llegó destrozada por la vida, sin encontrarle sentido a pesar de tenerlo aparentemente todo. Al terminar nos dejó escrito algo que tiene muchísima fuerza. Era una persona muy dinámica y muy deportista. Durante las primeras etapas caminaba a toda velocidad.

Nosotras estábamos preocupadas porque pensábamos: si no baja el ritmo y no abandona esa manera habitual de funcionar, buscando continuamente objetivos, retos y superación, va a pasar por el Camino sin que el Camino entre en ella.

Pero en la tercera etapa conoció a otros peregrinos y bajó el ritmo.Y ahí se produjo el cambio. Fue el encuentro con los otros lo que le ayudó a encontrarse consigo misma y a encontrar sentido a su vida desde la perspectiva de Dios.

Decía que se iba: «amándome a mí misma en el amor misericordioso de Dios». Había descubierto el Amor Misericordioso de Dios.

«El Camino nos iguala a todos»

— Esa experiencia muestra también algo muy característico del Camino: el encuentro y la solidaridad entre los peregrinos.

Sí. Curiosamente, cuando un Camino está muy lleno de gente, no siempre se produce con tanta facilidad ese encuentro. Cuando caminas solo y de repente encuentras a dos personas que tienen tu misma meta y están sufriendo tus mismas dificultades, inmediatamente se entabla conversación.

Y en el Camino se produce algo especial gracias también al anonimato. Todos somos iguales y, de alguna manera, presupones que el otro no va a juzgarte.

Esa persona no me conoce y quizá no vuelva a verla, y por eso puedo contarle cosas que en otras circunstancias no contaría. La gente se abre.

Por eso nosotras decimos que una de nuestras misiones en el Camino consiste en ofrecer escucha. Los peregrinos viven una experiencia muy potente y transformadora, pero necesitan ponerle palabras.

Si no le ponen palabras y no la expresan, es más difícil interiorizarla. Y para poder ponerle palabras necesitan a alguien que escuche.

Cuidar el Camino que hemos recibido

Has mencionado varias veces la Fundación Conchita Bernárdez. ¿Por qué decidisteis crearla?

Yo estoy vinculada al Camino desde 1993. La Fundación Bernárdez nace porque, después de acompañar a tantos peregrinos y haber vivido el proceso de revitalización del Camino, nos dimos cuenta de que el Camino que habíamos recibido había tardado más de mil años en formarse.

Es un patrimonio cultural creado a través de millones de pisadas y de millones de personas. Sentimos que ese Camino nos ha sido confiado. Y sentimos también la responsabilidad y el compromiso de cuidarlo.

Es un legado.

¿Corre actualmente el riesgo de perder parte de su sentido?

Sí. Estamos en el momento de la historia en que el Camino es más conocido. Antiguamente llegaban fundamentalmente peregrinos del mundo occidental; actualmente vienen prácticamente de todos los países. Y eso es estupendo.

Pero también existe un riesgo: que se pierda su sentido. Que un peregrino venga a hacer el Camino y no encuentre realmente el Camino que venía buscando.

Puede perderse la hospitalidad y también la memoria. El Camino de Santiago es patrimonio cultural europeo y patrimonio cultural de la humanidad. Mientras caminas encuentras una enorme riqueza patrimonial, pero también edificios que se están perdiendo y lugares vinculados históricamente a la acogida cristiana que ya no existen.

Y también puede perderse la conciencia de que la persona a la que estás atendiendo es un peregrino y no un turista. Son dos realidades diferentes. El peregrino está atravesando un momento vital. Puede ser un momento crucial en el que su vida dé un giro para bien.

El turista va fundamentalmente a conocer. No necesariamente está en búsqueda. Mientras que el peregrino tiene una motivación diferente.

¿Y cómo se traduce esa diferencia en la hospitalidad?

Imaginemos que llega a un albergue una señora de setenta años cargando una mochila, después de caminar con muchísimo calor o bajo la lluvia, y llega agotada. No puedes empezar simplemente pidiéndole el DNI, haciendo el check-in y cobrando la reserva.

Primero ofrécele una silla. Habla con ella. Dale un vaso de agua. Dile que se duche, que descanse un poco y después ya formalizaremos todo. Puede parecer extraño desde el lenguaje estrictamente hostelero, pero es que el peregrino no es un turista.

Cuando yo conocí el Camino en los años noventa, esa acogida existía muchísimo. La gente era muy acogedora.

Sigue habiendo personas así, pero tenemos que procurar que no se pierda.

Una nueva generación de custodios del Camino

¿Cuándo nace propiamente la Fundación?

La Fundación Conchita Bernárdez es muy reciente, de 2022. Y aquí tengo que hablar de María Fernández Castelo, porque la fundamos entre las dos.

María y yo llevábamos años trabajando juntas en el Camino. Fue idea suya crear la Fundación y surgió precisamente de esa necesidad que sentíamos: el legado que habíamos recibido tenía que entregarse a la siguiente generación.

Gen Camino

Tenemos incluso un proyecto denominado Gen Camino, que pretende formar una nueva generación de custodios del Camino. Una generación del cuidado: cuidado de la persona y cuidado del patrimonio. Nuestros proyectos van en esa dirección.

También ofrecemos formación a los peregrinos antes de comenzar el Camino y formación a los profesionales que trabajan atendiéndolos, para que conozcan el bagaje jacobeo: cómo nació el Camino, qué significa una historia de más de mil años, qué es verdaderamente un peregrino y cuáles son las buenas prácticas de un buen hospitalero.

Incluso una persona encargada de transportar mochilas puede convertirse en alguien fundamental. Nuestro transportista de mochilas, por ejemplo, es uno de los mejores profesionales jacobeos que conocemos porque acoge a la gente, habla con ella y la cuida y aparece cunado le necesitan. Alguna peregrina incluso lo ha llamado «el ángel del Camino», porque aparece cuando más lo necesita.

El «peregrino invisible»

Una peregrina nos decía que durante toda su vida se había sentido sola. Y fue precisamente en el Camino donde descubrió que nunca había estado sola.

Descubrió lo que ella llamaba el peregrino invisible: Santiago. El peregrino llega a palpar que Santiago Apóstol lo está cuidando.

Y María y yo sentimos también que fue Santiago quien nos impulsó a crear esta Fundación.

Héroes en el Silencio

Entre vuestros proyectos está también el cuidado de iglesias y del patrimonio. ¿Cómo empezó?

Nuestro primer proyecto se llama Héroes en el Silencio y realmente nació incluso antes que la Fundación, durante la pandemia. En 2021, cuando empezábamos a poder movernos de nuevo entre comunidades autónomas, llegaron muchos jóvenes para recorrer los últimos cien kilómetros del Camino.

Un grupo necesitaba utilizar una iglesia, acompañados por su capellán. Había jóvenes que querían hablar con el sacerdote o confesarse, pero la iglesia estaba muy sucia y llena de telarañas.Fuimos a hablar con el párroco y, con muchísima sencillez, nos dijo: «Es que la señora de la limpieza soy yo, y estoy feliz de que me limpiéis la iglesia». Ese sacerdote atendía veinte iglesias.

Entonces le preguntamos: «¿Y las otras diecinueve?». Una la cuidaba una vecina, pero en muchas de las demás ya no había personas que pudieran ocuparse porque la población era muy mayor.

Salimos de allí impactadas. Había que hacer algo. María recordó entonces una canción de Héroes del Silencio que la letra dice: «Amanece tan pronto y yo estoy tan solo» y dijo: «Estos hombres son unos héroes».

Porque realmente los sacerdotes que atienden estas pequeñas iglesias son quienes, de alguna manera, mantienen viva la espiritualidad y la verdadera esencia del Camino.

Así nació Héroes en el Silencio, un proyecto para limpiar y ayudar a mantener las iglesias del Camino. Desde entonces muchos grupos dedican un día en el camino a ayudar a limpiar igelesias.

Tejiendo el Camino

Después surgió otro proyecto: Tejiendo el Camino. A medida que limpiábamos las iglesias llegábamos también a las sacristías, los cajones y la ropa litúrgica, y veíamos las condiciones en las que se encontraba. Entonces empezamos a buscar personas que pudieran lavar, planchar, reparar y devolver aquellas piezas en buenas condiciones a los sacerdotes.

En Vigo, donde vivo, se formó de manera muy natural un grupo de mujeres jubiladas que son auténticas artistas. Les llevo la ropa utilizada para celebrar la Santa Misa y ellas consiguen recuperar muchísimas piezas deterioradas por la humedad.

Algunas ya son irrecuperables y confeccionan otras nuevas. Hemos intervenido en alrededor de diecinueve iglesias al menos una vez, y algunas de ellas muchas veces.

Y hemos limpiado y recuperado cientos de piezas. Pero queda muchísimo por hacer.

Así que necesitáis voluntarios.

Necesitamos voluntarios. Y necesitamos financiación. ¿Para qué te voy a engañar? Admitimos a todos los que quieran colaborar o ayudar de la manera que puedan.

Prepararse para el Año Santo

¿Cómo debería prepararse una persona que quiera hacer el Camino durante el próximo Año Santo?

Lo más importante es venir bien preparado.

Y en esto nos dan un magnífico ejemplo muchas personas que llegan desde otros continentes.

Se preparan físicamente haciendo marchas antes de venir. Los grupos quedan cada semana o cada quince días y van entrenando juntos.

Recuerdo un grupo de seis matrimonios ecuatorianos que estuvieron nueve meses preparándose. Hacían marchas por los Andes.

Cuando llegaron me dijeron que habían entrenado para caminar a siete kilómetros por hora, pero que durante el Camino iban a hacerlo a tres kilómetros y medio por hora. Me sorprendió mucho. Me dijeron: «No queremos hacer el Camino deprisa. Queremos disfrutarlo a tope».

Pero no solamente se habían preparado físicamente. También habían encargado a una de las mujeres del grupo, que tenía mayor formación religiosa y vida interior, que preparara la parte espiritual.

Habían leído libros y hecho encuentros previamente. Durante el Camino desayunaban juntos y, como eran seis matrimonios y realizaban seis etapas, cada día un matrimonio se encargaba de plantear algunas preguntas para reflexionar durante la jornada. Rezaban también juntos y, después de cenar, hacían una recapitulación de lo vivido.

Hay muchas formas de prepararse. Si contactan con nosotros, podemos proporcionar libros que ayuden a esa preparación

El origen del Camino es religioso

A veces en España nos encontramos con personas que consideran el Camino como una experiencia muy bonita, solidaria, altruista, deportiva…, pero no descubren el sentido religioso.

Recuerdo una chica de Washington, procedente de una familia mormona, que había hecho el Camino de la Costa. Un día me dijo: «Conchita, puedes hacer el Camino por el motivo que quieras, pero lo que no puedes negar es que su origen es religioso: se va a la tumba de un apóstol de Jesús».

Eso es así. Cada persona puede realizarlo con una motivación diferente, pero conocer su historia cambia la manera de caminar. Cuando explicamos a los peregrinos la historia del Camino nos lo agradecen muchísimo.

Porque ya no pisan igual. Toman conciencia de que están caminando por los mismos lugares que han recorrido millones de personas, algunas de las cuales se jugaban la vida para pedir perdón por sus pecados.

Entonces miras de otra manera las piedras, los muros, las iglesias románicas o un puente romano. Todo te está hablando de una cultura. De una cultura cristiana. Cuanto más la conoces, más la valoras.

Mientras caminas por fuera, caminas por dentro

Y también recomendáis una preparación interior.

Sí. Porque, al final, el Camino es un camino exterior: recorres espacio, avanzas y atraviesas pueblos. Pero al mismo tiempo que caminas exteriormente, caminas por dentro.

Al caminar tomas conciencia del tiempo porque vuelves a moverte a una velocidad humana. Y se produce ese parón que todos necesitamos hacer con frecuencia pero que casi nunca nos permitimos.

Cuando se produce ese parón, las cosas recuperan su verdadera dimensión. Relativizas lo que es relativo y te quedas con lo verdaderamente importante. Empiezas a darte cuenta de que lo importante son las personas y no lo que tienen.

Puedes ir vestido completamente de una gran marca deportiva, pero tendrás exactamente la misma sed que otro peregrino vestido con ropa mucho más sencilla. Y quizá ni siquiera puedas comprar agua.

Entonces necesitarás al peregrino que comparte la suya contigo o al vecino a cuya puerta llamas para pedirla.

«Hay tantos Caminos como peregrinos»

¿Qué consejo darías a una familia o a una persona que esté pensando en hacer el Camino?

Nosotros trabajamos desde dos entidades. Por una parte está la Fundación, desde la que ofrecemos contenido, formación y voluntariado: cuidar, transmitir, formar y servir.

Y para organizar propiamente las peregrinaciones, por imperativo legal, trabajamos también mediante una agencia de viajes, porque las reservas tienen que realizarse de esta forma.

Pero más allá de la organización, es importante prepararse con tiempo.

Recuerdo a un peregrino norteamericano que me dijo: «El Camino de Santiago es una inversión. No me importa gastar lo que tenga que gastar porque sé que va a ser uno de los mejores tiempos de mi vida». No era católico, aunque sí creyente.

Cuando su hijo cumplió quince años, le regaló hacer juntos el Camino. Le dijo: «Quiero regalarte seis días de mi tiempo. Seis días completos para ti, caminando juntos hacia Santiago».Él veía el Camino como una inversión en sí mismo, pero también como una inversión en la educación de su hijo y como una oportunidad de disfrutar juntos.

Por eso yo digo siempre que hay tantos Caminos como peregrinos. No existe un Camino igual a otro.

Aprender a abandonar

¿Qué te ha enseñado personalmente el Camino después de tantos años?

A mí el Camino me enseña una lección que tengo que aprender una y otra vez: el abandono.

En el Camino prácticamente no puedes controlar nada. No puedes controlar el tiempo meteorológico. No puedes controlar completamente tus fuerzas. No puedes controlar las ampollas ni tampoco cómo van a encontrarse las personas que caminan contigo. Quizá un día tengas que dejar una etapa porque debes acompañar a alguien al médico.

No sabes siquiera si encontrarás dónde comer. Cuando aceptas que no puedes controlarlo todo, empiezas a sorprenderte. Si tú le dejas, Santiago va guiándote y colocando las cosas.

Entonces aprendes a abandonar y a pensar: quizá me vaya mejor dejando de intentar tenerlo todo controlado. Esa es una lección que aprendo, reaprendo y vuelvo a reaprender cada vez que hago el Camino.

Y un último consejo: cuidar los pies

No podemos terminar sin hablar de las temidas ampollas. ¿Algún consejo?

Lo primero es tener el pie bien hidratado. Habitualmente se recomienda ponerse un poco de vaselina antes del calcetín, muy poca y bien extendida. Pero si llevas meses hidratando los pies previamente, mucho mejor.

Los calcetines tampoco deberían tener costuras. Actualmente existen fibras sintéticas diseñadas para evitar ampollas; el algodón puede empaparse con el sudor y favorecer su aparición. También aconsejo ducharse por la noche y no justo antes de comenzar a caminar por la mañana, para evitar que quede humedad en los pies.

Y después está el calzado, que es fundamental.

Debe cumplir tres condiciones: estar muy usado —pero usado por ti—, tener buen agarre y ser suficientemente holgado. Conviene que sea aproximadamente medio número mayor que el calzado habitual.

Un truco consiste en ponerse la zapatilla, llevar los dedos hacia la punta y comprobar que entre el talón y la zapatilla puede entrar un dedo. Hay que pensar que durante una etapa podemos dar veinte o treinta mil pasos. El pie se dilata y necesita espacio.

Y cuando empiezas a notar que se está formando una ampolla, aunque el dolor todavía sea soportable, hay que parar. Se puede colocar un apósito hidrocoloide que actúe como una segunda piel.

Es mucho mejor hacerlo antes de que aparezca la ampolla.

¿Y si ya ha aparecido?

Entonces toca sufrirla… y ofrecerla. Y, por supuesto, protegerla bien para evitar que se infecte.

El Camino de Santiago puede comenzar como un viaje, un reto deportivo, una inquietud cultural o una búsqueda espiritual. Pero, como recuerda Conchita Bernárdez, su verdadera riqueza quizá aparezca cuando el peregrino deja de preocuparse solamente por avanzar y comienza a escuchar.

Caminar despacio, encontrarse con los otros, aceptar que no todo puede controlarse y recuperar una medida más humana del tiempo.

Porque mientras el peregrino recorre kilómetros hacia Santiago, puede estar recorriendo también una distancia mucho más difícil de medir: la que conduce hacia sí mismo.

Para ver entrevista completa sobre el Camino de Santiago en Yotube haz clic aquí

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