¿Somos más libres porque podemos elegir entre muchas opciones? La historiadora y filósofa Berta Pérez nos invita a mirar más allá de la libertad de elección y descubrir los fundamentos de la libertad interior: el autoconocimiento, el autodominio y el amor. En esta entrevista ofrece, además, diez consejos prácticos para crecer en libertad interior y educar a los jóvenes en el ejercicio responsable de sus decisiones.
Uno de los temas más actuales que preocupa a la gente es la libertad y el uso de la libertad. Contamos hoy con Berta Pérez, doctora en Historia Moderna, profesora también de Filosofía, que ha dedicado mucho tiempo a acompañar a gente joven y a familias. Trabajas en un colegio, eres profesora de Filosofía, y pienso que, de alguna manera, toda tu experiencia profesional puede ayudar a dar pautas en esta sociedad en la que hay tanta incertidumbre sobre el tema de la libertad. La primera pregunta tendría que ser: ¿qué entiendes tú por libertad?
Bueno, muchas gracias por darme ocasión para hablar de este tema. Es un tema que nos llevaría muy lejos, pero sí que me parece que lo primero que tenemos que tener claro es que muchas veces la gente, sobre todo la gente joven, piensa que la libertad es la capacidad de elegir. Si yo puedo elegir mucho, soy más libre que si puedo elegir poco. Y pienso que eso, aunque es verdad que elegir es una manifestación de la libertad, lógicamente uno no es más libre porque pueda elegir más. Hay cosas que no se pueden elegir y la libertad no va a depender de tener más o menos dinero, etcétera.
Todos intuitivamente entendemos que la libertad tiene que ver con algo más de fondo, con la felicidad, con el amor. Todos entendemos que cuando somos libres somos felices. Y, sobre todo, hay un tema de fondo que hoy no me da tiempo a desarrollar, pero que me parece muy importante para que pensemos todos: una cosa es ser libre y otra cosa es sentirse libre.
Creo que muchas veces lo que nos pasa, por circunstancias, es que somos libres, pero no nos estamos sintiendo libres. Es decir, la percepción subjetiva de la libertad.
Es decir, tú diferencias la libertad auténtica y la vivencia de la libertad, el eco que produce en mí. Es un tema muy interesante también. Entonces, si tú tuvieras que dar diez consejos para aprender a ser libre o ejercer la libertad, ¿por dónde empezarías? Porque posiblemente también tendrás experiencias con alumnas, con familias e incluso en decisiones personales.
Claro. Como el planteamiento de esta primera conversación es una conversación coloquial. Para mí, la libertad se fundamenta en tres grandes pilares.
El primero es el autoconocimiento. Uno es más libre cuando se conoce mejor.
El segundo es el autodominio. Cuando yo soy capaz de ser dueña de mis emociones, de mis actos, soy más libre
Y el tercer pilar sería cuando me siento amada, es decir, cuando soy una persona que se siente amada y que, por lo tanto, puede amar.
Esos tres pilares, el autoconocimiento, el autodominio y el sentirme amado y, por lo tanto, poder amar, son los tres pilares sobre los que crecemos en libertad, en la verdadera libertad, que es la libertad interior, que es de la que estamos hablando. No se trata simplemente de si puedo elegir estos zapatos o estos otros, o este concierto o este otro.
Primer pilar: el autoconocimiento

Dices que el primer requisito sería conocerse uno mismo. ¿Por qué lo vinculas con la libertad?
Pues mira, lo vinculo con la libertad porque tú, en el fondo, eliges cuando sabes qué elegir y desde lo que tú eres y cómo eres. Entonces, cuando tú te vas conociendo, cómo eres y qué eres, a veces te das cuenta de que hay cosas que no están en tu mano, pero no es una falta de libertad, porque el autoconocimiento lleva a la aceptación personal.
Muchas veces, el origen de las grandes frustraciones que tenemos es que no nos conocemos. Entonces, si yo no me conozco bien y pienso que soy un atleta, que puedo correr un maratón, como no puedo, me frustraré.
Pero es una pena que me frustre, porque el problema no está en que no pueda correr. El problema está en que, por mi complexión física, o porque no estoy preparada, no puedo hacerlo. Creo que todo el tema de las expectativas y de las frustraciones hace, a veces, que no nos sintamos libres y, al final, en buena parte es un tema de conocimiento personal.
Segundo pilar: el autodominio

Ese sería el primer punto. Has hablado también de autodominio.
Sí, el autodominio es importante. Luego lo veremos en los consejos, que son muy sencillos. El autodominio, empezando por el autodominio corporal, el saberme sentar, el no bostezar cuando me apetece… Son cosas muy pequeñas.
Los que nos dedicamos a la educación, y esto puede llegar a padres, a gente joven, por supuesto, sabemos también que el autodominio aparece cuando yo domino mis actos. Pero me refiero que el dominio del que hablaban los griegos, no el dominio malo, sino el gobierno —me gusta más esta palabra— de nuestros actos, de nuestras emociones, de nuestras inclinaciones, de nuestras tendencias impulsivas.
En el fondo, todos entendemos que somos más libres cuando no estamos tan esclavizados. Es decir, algo me ha enfadado. Si yo soy capaz de no dejarme llevar por la ira y romper algo, estoy siendo más libre que si me dejo llevar por eso y rompo no sé qué.
Ahora mismo, una de las cuestiones es querer equiparar la libertad a la espontaneidad, y eso ha hecho mucho daño, porque parece que eres más libre cuando eres espontáneo, y eso no es así.
Eso es un ejemplo que pone Marina, que habla de los burros, que son espontáneos, pero no son libres.
Claro, por ejemplo. Efectivamente. Muy bien.
Tercer pilar: sentirse amado y poder amar

Y el tercer pilar, como todo, es que la libertad interior se basa en la certeza de sentirme amado desde siempre y para siempre y, por lo tanto, de poder amar. La libertad tiene que ver con el amor. Esto lo explica Agustín de Hipona muy bien. Por lo tanto, en la medida en que yo crezco en el sentimiento, el sentimiento profundo de sentirme amada y, por lo tanto, en esa capacidad de amar, estoy creciendo en libertad.
No se puede crecer en libertad si no se ama. Si no se ama verdaderamente, lógicamente. Si yo amo con dependencias, en el fondo eso no es libertad. Todos entendemos que la libertad no es esclavitud, dependencias, etcétera.
Diez consejos prácticos para crecer en libertad
Pues, Berta, este planteamiento que hemos hecho al inicio hay que rematarlo, ¿no? Y hay que rematarlo diciendo exactamente cuáles son esos diez consejos que tú recomendarías para gente joven o para padres que educan o, como en tu caso, para el seguimiento y acompañamiento de gente joven a la que se puede ayudar a ser libre.
Voy a decir diez cosas sencillas, pero quizás útiles. Y la virtualidad está en que son tan sencillas que cualquiera de nosotros las podemos hacer, cualquiera de los que estáis escuchándome o cualquiera de los que nos dedicamos a educar.
Os voy a lanzar, además, un reto: que intentéis descubrir detrás de cada uno de los consejos algo de lo que hemos dicho, si hay autoconocimiento, si hay autodominio o si tiene que ver con ese sentirse amado y amar. Os dejo el reto ahí. Los voy a enumerar y no voy a concretarlos porque vosotros lo hacéis.
Diez consejos, diez modos pequeños de crecer en libertad:
- Concrétate una hora de levantarte y levántate a esa hora.
- Haz algo por alguien que te rodea sin que te apetezca, pero ves que tienes que hacerlo.
- Retrasa un poco la apertura de dos WhatsApps de todos los que recibes. Esos que a lo mejor estás esperando más, retrasa un poquito el abrirlos.
- Lee cada día un rato en silencio, sin iPods.
- Antes de dormirte, reflexiona sobre tu día un par de minutos.
- Agradece algo que hayan hecho por ti.
- Ríete de alguna situación en la que no has quedado bien, o que a ti te parece que no has quedado bien.
- No mires tu perfil o tu cuenta de Instagram más de dos veces y no cuentes los likes que te han puesto. Esto sirve para el estado de WhatsApp, sirve para muchas cosas.
- Di lo que piensas de verdad delante de tus amigos.
- No calles delante de ellos cuando están haciendo daño a una persona, cuando están hablando mal de ella o en cualquier situación de estas que se nos dan con mucha facilidad.
Diez cosas muy pequeñas. Son retos. Os animo, y me animo a mí misma, a que los hagamos y estaremos creciendo en libertad. Estos pequeños desafíos tienen algo en común: nos enseñan a no dejarnos dominar por la inmediatez, la presión social o nuestros propios impulsos.
Berta propone, además, un ejercicio de reflexión: descubrir cuáles de estos retos están relacionados con el autoconocimiento, cuáles con el autodominio y cuáles con el amor.
Me parece muy interesante, aunque me has suscitado una pregunta, porque tú has relacionado la libertad con el amor, pero hoy en día puede haber mucha gente que no haya experimentado eso a nivel familiar o que, a veces, a lo mejor no se ha sentido querida. Y, sin embargo, sí que tiene que aprender a ser libre a pesar de las circunstancias.
Efectivamente. Este tema que me planteas es un tema complejo. No todos han tenido lo que yo llamo una estabilidad familiar, un entramado familiar, una red estable familiar. Claro, a mí esto me lleva siempre a hablar del sentido de la trascendencia.
Es decir, el ser humano, lo siento, pero no estoy de acuerdo con Sartre, no somos seres arrojados al mundo, sino que somos seres que hemos llegado a la existencia por un creador, llámale como quieras. Alguien ha pensado en nosotros y por amor estamos en la existencia.
No somos un vómito, no somos una pasión inútil, no somos seres arrojados. Eso me lleva al sentido trascendente. Pero el sentido trascendente es algo natural. Aristóteles tiene clarísimo el sentido religioso del ser humano. Somos seres que hemos nacido, estamos en la existencia por algo y para algo. Por ahí hay que verlo.
Al final, la vida es muy sencilla: o estamos por azar o estamos por algo o por alguien. Quien piense que está por azar tiene un problema, porque no encontrará sentido en su vida muchas veces ante un dolor, ante un sufrimiento, ante la pérdida de un ser querido, ante algo que nos trastoca existencialmente.
Si pensamos que estamos solo por azar, tenemos un problema existencial. Si pensamos que el origen no está en el azar, sino que está en alguien que ha pensado en nosotros y nos ha querido por amor, iniciamos un camino distinto. A mí me convence el segundo, pero lo dejo ahí para quien me escuche, para que cada uno piense aquello que le convence más. Porque al final todos tenemos que buscar los argumentos que nos sirven a cada uno.
Educar para la libertad: enseñar a pensar y aceptar las decisiones
¿Y alguna anécdota que ilustre todo esto que hemos hablado?
Pues bueno, anécdotas podría contar muchas, pero voy a contar una muy pequeña que a lo mejor puede parecer inocua, pero me dio que pensar. Adolescentes de cuarto de ESO, una cuestión de optativas, de cambiarse. En nuestro colegio damos la posibilidad de hacer Historia en cuarto de ESO en inglés o en castellano.
Había alumnas que la habían escogido en inglés y me di cuenta de que se había puesto de moda hacerlo en castellano porque supone menos esfuerzo. O sea, puedo, pero no me apetece. O puedo, pero mis amigas hacen otra cosa.
Entonces tuve una conversación con el grupo y les dije:«Mirad, cada una que elija, que decida en libertad lo que quiera, pero pensad, pensad. Es decir, paraos a pensar cuál de las opciones que hagáis os viene mejor, os hace mejores personas, os mejora vuestro currículum, os mejora vuestro aprendizaje. Con lo que decidáis, yo ya no vuelvo a tener ninguna conversación. La que quiera cambiarse, se cambiará».
Y lo dejé ahí. Me fui y pensé: «Bueno, nada, todo el mundo seguirá cambiándose». ¿Cuál fue mi sorpresa? Pues mi sorpresa fue que a la semana siguiente varias de esas personas decidieron quedarse en la opción más esforzada del inglés. ¿Por qué? No se lo he preguntado, pero lo que tengo claro es que hicieron un ejercicio de libertad.
Pero hay que ir a la cabeza de las personas, hay que dar argumentos, hay que hacerles pensar y luego también hay que aceptar la decisión libre. Esto lo digo por los padres y por los educadores.
Aceptar la libertad de los hijos, la libertad de la gente a la que queremos, a veces no es fácil, pero hay que hacerlo. Porque, si no, en el fondo no estamos amando la libertad de los demás.
Hay que dejarles que se equivoquen.
Efectivamente. Hay que hacerles pensar con cariño. Porque no he querido entrar en este tema, que es un tema que me parece apasionante, que es esa armonía entre autoridad, libertad y amor.
O sea, es un trípode. Pero hay que hacerles pensar, hay que hacerles pensar desde el amor, desde la empatía, desde el cariño, y luego ellos tienen que decidir. Si se equivocan… En este caso que he puesto de ejemplo no hay equivocación. Daría lo mismo que hubieran hecho lo otro. A ver, ¿me entendéis? No pienso que sea mejor hacer algo que me cuesta un poquito más de esfuerzo, pero en este caso, era inocua la decisión.
Y si se equivocan o nos equivocamos nosotros, aprendemos de los errores. Esto es muy interesante. El ser humano es el único ser vivo, es decir, somos los únicos que podemos rectificar nuestros errores. Un animal no comete errores. Es otra cuestión. El término error es un tema moral y, por lo tanto, solamente lo podemos aplicar a los seres libres, como es el ser humano.
Dos libros para comprender la libertad interior
¿Y recomendarías algún libro? Con esto ya vamos a acabar.
Pues mira, hay un libro que yo trabajo con mis alumnos, es muy conocido, pero me parece apasionante, que es El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl. Creo que pocos libros reflejan también lo que es la libertad interior de una persona en la que no hay una libertad exterior, porque es una persona en un campo de concentración.
Y otro libro que recomiendo, que tiene muchas lecturas, pero también tiene una lectura desde la libertad, es El principito. Me quedo con estos dos libros.
Pues muchas gracias. Además, ha sido muy práctico todo lo que nos has dicho.
Pues muy bien. Muchas gracias a ti.
La libertad interior se aprende ejerciéndola
La principal enseñanza de esta conversación es que la libertad no consiste simplemente en disponer de más alternativas. La libertad interior requiere conocernos, aprender a gobernarnos y desarrollar vínculos personales auténticos. La libertad interior no aparece de forma automática: se educa, se ejercita y se fortalece con decisiones concretas. Por eso, los diez pequeños retos que propone Berta Pérez constituyen una invitación especialmente valiosa para los jóvenes. Porque, en definitiva, aprender a ser libres es aprender a dirigir la propia vida.
Para leer la entrevista completa aquí