La intuición de muchos científicos sugiere que, dado el vasto número de estrellas (estimado en 10²²), el Universo debería estar poblado por vida inteligente. Sin embargo, décadas de indagación científica, incluyendo más de 60 años de búsqueda directa de señales tecnológicas (SETI) sin éxito y el hallazgo de que los exoplanetas caracterizados no son verdaderos análogos de la Tierra, apuntan a la respuesta contraria.
Análisis rigurosos basados en el único ejemplo de vida que conocemos —la evolución en nuestro planeta— han reforzado esta perspectiva, concluyendo que la combinación de factores que permitió la aparición de la vida podría ser extraordinariamente infrecuente. Estudios recientes, que aplican desde la teoría de la información para evaluar las formidables barreras entrópicas e informativas que impiden la formación de una protocélula viable, hasta la estadística bayesiana para modelar las transiciones evolutivas clave que tardaron 4.500 millones de años en la Tierra, convergen en la misma conclusión: la probabilidad de vida inteligente es mínima o estadísticamente casi nula. Estos hallazgos sugieren que, frente al optimismo inicial, el análisis científico riguroso nos debe llevar a abandonar esa intuición, aceptando que “para la humanidad, el universo es un lugar solitario”.
Nuestra intuición nos dice que sí
Nuestra intuición, y la de muchos científicos, sugiere que el Universo debe albergar vida inteligente. Con 10²² estrellas, que según el astrónomo Gerry Gilmore pueblan el universo, la probabilidad de que existan planetas similares a la Tierra, en los que se hayan podido producir procesos semejantes, parece muy elevada. ¿Pero avala la ciencia esta intuición? La indagación científica, tanto por detección directa como por estudios de probabilidad, apunta a la respuesta contraria.
La búsqueda de evidencia
La búsqueda directa (SETI), iniciada por Frank Drake y Carl Sagan, lleva más de 60 años rastreando señales tecnológicas (ondas de radio, pulsos láser) sin éxito. El escepticismo de Enrico Fermi y su lapidaria pregunta, formulada en 1950, “¿Dónde están todos?” sigue sin respuesta.[1]
La exploración del Sistema Solar mediante sondas, una actividad que se inició hace más de 60 años, descartó rápidamente la vida inteligente y, aunque ha encontrado agua y compuestos orgánicos, sigue sin hallar indicios de vida, presente o pasada.
El estudio de exoplanetas, iniciado en 1995, ha revelado miles de mundos. Sin embargo, de los pocos cuyas atmósferas hemos podido caracterizar, ninguno es un verdadero análogo de la Tierra. Este hecho refuerza la idea de que, pese a la inmensidad del cosmos, la combinación de factores que permitió la aparición y evolución de la vida en nuestro planeta podría ser extraordinariamente infrecuente.
Estudios a partir del proceso evolutivo en nuestro planeta
Además de la búsqueda de evidencias, numerosos estudios han analizado la probabilidad de la vida basándose en el único ejemplo que conocemos: la evolución en la Tierra. Cinco estudios recientes, con enfoques distintos, concluyen que la probabilidad de vida inteligente es mínima.
Barreras informacionales y entrópicas ante el inicio de la vida
Robert G. Endres (Imperial College London, 2025) se fija en las barreras informacionales y entrópicas ante el inicio de la vida.
Mediante la aplicación de la teoría de la información y la complejidad algorítmica, Endres analiza qué se necesitaría para que la primera célula viva, conocida como protocélula, se autoensamblara a partir de componentes químicos simples. Para ello, evalúa cuánta “información” se necesita para formar algo tan organizado como una célula primitiva. Contrasta lo que podrían producir los procesos químicos naturales (caos, multitud de combinaciones) frente a lo que requiere una célula mínima organizada. Analiza el proceso mediante el cual muchas moléculas deben organizarse de forma concertada, además de mantenerse estables. En sus propias palabras, “nuestros resultados ponen de relieve las formidables barreras entrópicas e informativas que impiden la formación de una protocélula viable dentro del margen disponible de la historia temprana de la Tierra”. Considera tan improbable este salto que sugiere que podríamos necesitar “descubrir nuevos principios físicos” para explicarlo[2].
El ARN como origen de la vida
Tomonori Totani (Universidad de Tokio, 2020) enlaza conocimientos biológicos sobre el origen de la vida con teorías astrofísicas sobre la evolución del Universo. Propone que la vida comenzó con la formación de ARN, que está formado por una cadena de ribonucleótidos y que es capaz de autorreplicarse y sujeto a selección natural. Una suposición fundamental es que un polímero de ARN ensamblado abióticamente (sin vida) adquiere una capacidad de autorreplicación si es suficientemente largo y tiene una secuencia de nucleótidos correcta. Se ha demostrado experimentalmente que la longitud mínima necesaria para que un polímero de ARN adquiera esa capacidad sería de 40 a 100 nucleótidos. Y Totani calcula la probabilidad de que una cadena de ARN de esta longitud se ensamble abióticamente. Su resultado es tajante: “el número esperado de eventos de abiogénesis es mucho menor que la unidad cuando observamos una estrella, una galaxia o incluso todo el universo observable”.[3],[4]
Perspectiva desde la biología evolutiva
Nicholas R. Longrich, paleontólogo y biólogo evolutivo de la Universidad de Bath, publicó en The Conversation (2019) un análisis sobre la probabilidad de que surjan seres inteligentes, a la luz de la evolución terrestre.
Todas las formas de vida proceden de un único antepasado, y cada innovación evolutiva crucial tardó miles de millones de años en producirse: la fotosíntesis, las células complejas, los animales y la inteligencia humana. Si tales innovaciones son tan útiles, pero tan lentas en surgir, deben de ser extremadamente improbables. Longrich estima que la inteligencia requiere una cadena de siete innovaciones improbables, cada una con una probabilidad de ocurrencia en un planeta habitable cualquiera del 1 %. Con ello concluye que “la inteligencia evolucionaría solo en uno de cada 100 billones de mundos habitables. Si los mundos habitables son raros, entonces podríamos ser la única vida inteligente de la galaxia, o incluso del universo observable.”[5]
Estadística bayesiana aplicada al modelo de Brandon Carter
El equipo de la Universidad de Oxford liderado por Snyder-Beattie (2021) aplica la estadística bayesiana al modelo de “transiciones críticas” de Brandon Carter. Carter (1983) argumentó que, dado que la inteligencia tardó casi todo el tiempo habitable de la Tierra en surgir, los pasos evolutivos clave deben ser increíblemente raros.
Dado que transiciones clave (origen de la vida, vida eucariota, reproducción sexual e inteligencia) ocurrieron sólo una vez en la Tierra, la estadística clásica no es aplicable. Usando la inferencia bayesiana (que permite trabajar con un solo punto de datos), el equipo modeló cada una de esas transiciones como un suceso aleatorio que tiene una tasa media de ocurrencia por unidad de tiempo y lo enmarcan en todo el período habitable de la Tierra. Suponemos que la habitabilidad de la Tierra terminará dentro de entre 800 y 1.300 millones de años debido al aumento de la luminosidad del Sol. Por tanto el período de habitabilidad que utilizan en los cálculos es de 5.200 millones de años. Con ello, desarrollan un análisis bayesiano que no sólo calcula las tasas esperadas de cada transición, sino que corrige los sesgos inevitables que aparecen cuando solo tenemos un ejemplo observado.
Su análisis concluye que: “Se necesitaron aproximadamente 4.500 millones de años para que se desarrollara en la Tierra una serie de transiciones evolutivas que dieron lugar a la vida inteligente. En otros mil millones de años, el aumento de la luminosidad del Sol hará que la Tierra sea inhabitable para la vida compleja. Por lo tanto, la inteligencia surgió tarde en la vida de la Tierra. Junto con la dispersión temporal de las transiciones evolutivas clave y las hipótesis previas plausibles, se puede concluir que los tiempos de transición esperados probablemente superen la vida útil de la Tierra, quizás en muchos órdenes de magnitud. A su vez, esto sugiere que la vida inteligente es probablemente excepcionalmente rara.”[6]
Una prospección desde la física cuántica
Paul Howard Frampton (Universidad del Salento, 2025) aplica la física cuántica y la termodinámica al surgimiento de la vida. Utiliza modelos de túnel cuántico para estimar la probabilidad de formación de un organismo unicelular autorreplicante, considerando el universo entero como marco de cálculo. Su resultado: una probabilidad de
para la creación de un organismo unicelular, infinitesimal incluso comparada con el número estimado de exoplanetas en la Vía Láctea (∼10¹²) o en el Universo observable (∼10²⁴). Su conclusión es lacónica: “para la humanidad, el universo es un lugar solitario”.[7]
No es lo mismo opinar que analizar
Frente a la intuición, el análisis científico riguroso sugiere que debemos abandonar el optimismo. Los estudios que analizan la probabilidad real del evento evolutivo que condujo a nosotros concluyen que la posibilidad de que existan seres inteligentes en el universo es, estadísticamente, casi nula.
[1] Manuel Ribes ¿Dónde están los extraterrestres? OBSERVATORIO DE BIOETICA UCV 13 junio, 2022
[2] 2 Robert G. Endres The unreasonable likelihood of being arXiv:2507.18545v1 [q-bio.PE] 24 Jul 2025
[3] Tomonori Totani, Emergence of life in an inflationary universe 03 February 2020 Nature Scientific Reports (2020) 10:1671 | https://doi.org/10.1038/s41598-020-58060-0
[4] Manuel Ribes La vida fuera de nuestro planeta no es probable OBSERVATORIO DE BIOETICA UCV|28 julio, 2020
[5] Nicholas R. Longrich Evolution tells us we might be the only intelligent life in the universe The Conversation 18 oct. 2019 https://doi.org/10.64628/AB.6j6cr5tu7
[6] Snyder-Beattie AE, Sandberg A, Drexler KE, Bonsall MB. The Timing of Evolutionary Transitions Suggests Intelligent Life is Rare. Astrobiology. 2021 Mar;21(3):265-278. doi: 10.1089/ast.2019.2149. Epub 2020 Nov 19. PMID: 33216655; PMCID: PMC7997718.
[7] Paul Howard Frampton. (2025). A Physics Model for Origin of Life. American Journal of Physics and Applications, 13(2), 28-30. https://doi.org/10.11648/j.ajpa.20251302.12