Cerca de 200 niños nacen con riesgo elevado de cáncer tras el uso del esperma de un único donante

La utilización durante casi dos décadas del esperma de un único donante portador de una mutación genética asociada a un riesgo extremo de cáncer ha puesto de relieve los graves vacíos éticos y regulatorios de la reproducción asistida.

El caso, que afecta a cerca de 200 niños nacidos en varios países europeos, cuestiona la suficiencia de los controles genéticos, el anonimato de los donantes y la ausencia de límites internacionales en el uso de gametos, abriendo un serio debate sobre la responsabilidad sanitaria, el derecho de los hijos a conocer su origen biológico y las consecuencias de convertir la transmisión de la vida en un negocio.

Vídeo realizado por IA a partir del artículo original del Observatorio de Bioética

El gen TP53, llamado “supresor de tumores”, resulta fundamental entre los mecanismos del organismo humano que tratan de prevenir o ralentizar el crecimiento de células que podrían convertirse en tumores. La proteína que este gen codifica actúa regulando la división celular, reparando su ADN dañado e iniciando el proceso normal de muerte celular (apoptosis) en las células que no admiten reparación.

Si este gen presenta una mutación, la proteína tumoral 53 (TP53) que codifica, no desarrollará su función preventiva, exponiendo a la persona afectada a un importante incremento del riesgo de padecer tumores o cáncer.

Esta mutación puede ser adquirida o heredada y se conoce como síndrome de Li Fraumeni y conlleva un riesgo de hasta el 90 % de desarrollar cáncer, especialmente durante la infancia, así como cáncer de mama en etapas posteriores de la vida.

El donante

En el caso que analizamos, el esperma afectado por esta mutación procedía de un hombre anónimo al que se le pagó por donarlo cuando era estudiante, a partir de 2005. Su esperma fue utilizado en mujeres durante unos 17 años por 67 clínicas de fertilidad en 14 países.

El donante ignoraba la existencia de esta mutación, gozaba de buena salud y superó los controles de selección de donantes, en los cuales esta mutación no se detecta de forma preventiva mediante pruebas genéticas, provocando que, en este caso, fuera transferida a los receptores.

En total, al menos 197 bebés fueron engendrados con su esperma en toda Europa, según ha revelado una importante investigación realizada por 14 cadenas de televisión públicas de la Red de Periodismo de Investigación de la Unión Europea de Radiodifusión.

De entre ellos, han sido detectados al menos 23 casos que sufren la mutación entre los 67 niños conocidos en ese momento, con diagnóstico de cáncer en diez de ellos.

La donación de esperma

No existe a nivel mundial ninguna norma internacional que regule el número de veces que se puede utilizar el esperma de un donante. Sin embargo, cada país establece sus propios límites, que, según el Banco Europeo de Esperma, son lamentablemente excedidos en algunos de ellos.

Por ejemplo, en Bélgica, donde el esperma de un único donante solo puede ser utilizado por seis familias, 38 mujeres diferentes tuvieron 53 hijos con ese donante.

En Países Bajos, a un solo donante de esperma se le atribuyen más de 550 hijos en, al menos, 13 clínicas neerlandesas y de otros países. Una de las madres de estos hijos y la fundación Donorkind (Países Bajos) lo han demandado.

En el caso de España, actualmente existe un registro nacional de donantes de gametos y embriones, y la ley sobre técnicas de reproducción humana asistida no autoriza que haya más de seis bebés nacidos de un mismo donante.

La Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología ha sugerido recientemente la imposición de un límite de 50 familias por donante.

Valoración bioética

El creciente recurso a las técnicas de reproducción asistida, junto al descenso en las tasas de fertilidad de varones y mujeres, ha promovido la extensión de la utilización de gametos de donantes para lograr un embarazo.

Esta donación es remunerada, y supone también una importante fuente de ingresos para las clínicas que se sirven de ella en sus procesos de reproducción asistida.

Una de las condiciones que se imponen para incrementar el número de donantes es la de garantizar su anonimato, de forma que no pueda serles reclamada la paternidad biológica por parte de los hijos concebidos con sus gametos.

Este anonimato dificulta que los concebidos puedan conocer la identidad de sus padres biológicos en el futuro, así como conocer enfermedades transmisibles genéticamente que pudieran padecer durante su vida. Recientemente, muchas sentencias judiciales están obligando a las clínicas a revelar la identidad de los donantes ante la demanda de los hijos que lo reclaman.

Aunque se aplica una selección sobre los candidatos a donantes de gametos, siendo aceptada solo una minoría de ellos, las pruebas de diagnóstico genético utilizadas para descartar mutaciones transmisibles son muy limitadas.

Si se tiene en cuenta el creciente número de nacimientos en los que se ha recurrido a gametos de donantes, que el esperma de los donantes puede estar siendo utilizado en muchas más mujeres de lo que las distintas normas establecen, que estas normas son muy poco restrictivas en muchos países, y que el diagnóstico de anomalías genéticas es muy restringido, es previsible que el problema que hoy nos ocupa se esté reproduciendo en otros muchos casos y lo seguirá haciendo en el futuro, generando un problema de salud pública de dimensiones imprevisibles.

Además, el hecho de que muchos bebés sean engendrados con el mismo esperma, incrementa el riesgo de que, en la edad adulta, algunos de ellos, hermanos de padre, puedan tener hijos mutuos, incrementándose aún más el riesgo de padecer defectos genéticos.

Junto a la superproducción de embriones descartados, criopreservados destinados a morir, su selección por diagnóstico genético preimplantacional, los embarazos en mujeres postmenopáusicas, las gestaciones subrogadas o los bebés medicamento, la donación de gametos es uno más de los aspectos negativos relacionados con las técnicas de reproducción asistida, que han difundido la creencia del supuesto “derecho al hijo”, para cuyo ejercicio pudiera admitirse cualquier recurso.

El floreciente negocio de la reproducción asistida conlleva profundas dificultades bioéticas, relacionadas con el respeto a la vida humana, la promoción de la salud reproductiva y la extensión de métodos que manipulan el equilibrio biológico que la naturaleza humana establece para la transmisión de la vida.

Julio Tudela. Observatorio de Bioética. Universidad Católica de Valencia
Are you sure want to unlock this post?
Unlock left : 0
Are you sure want to cancel subscription?