Perfil del directivo (III) La trampa de innovar sin pensar en el usuario

En este tercer artículo dedicado al perfil del directivo,Migel Ángel Ariño, aborda una competencia cada vez más necesaria: la capacidad de innovar. Pero innovar no significa perseguir constantemente la novedad, sino saber introducir mejoras que respondan a necesidades reales. Un buen directivo debe ser capaz de impulsar nuevas ideas sin perder de vista lo esencial: las personas para las que esas innovaciones están pensadas.

Según Esperanza Regueras, con quien colaboro en algunas cosas, la creatividad es proceso de generación de nuevas ideas. Cuando estas ideas se llevan a la práctica tenemos una innovación. Cada vez que se hace una cosa nueva o de un modo distinto tenemos una innovación Las innovaciones pueden ser incrementales o disruptivas. También puede haber innovaciones de productos, de procesos, de modos de dirigir, etc.

Las innovaciones incrementales son aquellas que sobre un producto o un proceso ya existente se introduce una mejora. Las disruptivas son todas las cosas nuevas que antes no existían. Los procesadores de texto que sustituyeron a las máquinas de escribir, cuando fueron introducidos constituyeron una innovación disruptiva. No existían antes, y las sucesivas mejoras que han ido teniendo con el tiempo han sido innovaciones incrementales. Si comparamos los procesadores de texto de los pasados años 80 no tienen nada que ver con los actuales. Ha ido mejorando poco a poco a lo largo de las décadas.

Se piensa que las innovaciones tienen que ver fundamentalmente con la tecnología y más en concreto con el mundo digital, pero ha habido grandes innovaciones en otros campos.

Un ejemplo que a mi me parece muy interesante es el del container, que ha facilitado mucho al mundo de la logística. Metes los productos en un container y pueden viajar pasando del camión al barco y del barco al tren sin tener sacar los productos del container.

Con las innovaciones de los productos hay que tener un poco de cuidado. A veces una innovación mejora claramente el producto, pero cubren nuevas necesidades que los usuarios no tienen. Sí, el producto es mejor, pero esas mejoras a veces lo hacen más difícil de utilizar y al usuario no le compensa. 

Con las innovaciones hay que enamorarse menos de los productos y pensar siempre en el usuario. La pregunta que Esperanza Regueras sugiere es ¿esta novedad simplifica la vida al usuario? Si la respuesta es sí, adelante, si es no entonces cuidado.

¿Te has encontrado alguna vez con un producto excelente pero tan complejo que dejó de ser útil? Cuentanos tu experiencia. Felices vacaciones a todos.

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