En una conversación con Comprende el Mundo, Lina María Acuña reflexiona sobre algunos de los grandes desafíos de nuestro tiempo: la necesidad de pedir ayuda, el valor del acompañamiento, la resiliencia frente al sufrimiento y el diálogo entre generaciones.
Desde su experiencia como médica, docente en el Instituto Latinoamericano para la familia de la Universidad de La Sabana (ILFARUS) , asesora familiar, ofrece una mirada esperanzadora sobre cómo encontrar propósito incluso en medio de las circunstancias más difíciles.
El acompañamiento: una necesidad humana que no podemos ignorar
Su vida profesional se complementa con una intensa experiencia familiar: lleva más de dos décadas de matrimonio y es madre de ocho hijos. Esa doble perspectiva —la académica y la personal— ha fortalecido su vocación de acompañar a personas y familias en diferentes etapas de la vida.
Uno de los aprendizajes que más ha marcado su trabajo es que, aunque vivimos hiperconectados, muchas personas experimentan una profunda soledad : «Estamos a un clic de distancia de muchas personas, pero a veces seguimos sintiéndonos solos, y, necesitamos esa cercanía de otras personas y también el pedir ayuda».
Desde jóvenes universitarios hasta adultos mayores, Acuña observa una dificultad común: reconocer la propia vulnerabilidad y atreverse a pedir ayuda. Sin embargo, considera que aceptar esa necesidad no es una muestra de debilidad, sino un paso esencial para afrontar las dificultades con mayor fortaleza.
A su juicio, ninguna persona debería atravesar sola los momentos más complejos de la vida. Contar con otros, dejarse acompañar y aprender de quienes han recorrido caminos similares constituye una fuente de crecimiento personal y emocional .“Lo veo en todas las generaciones, desde quienes están empezando sus carreras en la universidad hasta personas un poco mayores que quieren ser recias ,y, les cuesta de pronto pedir ayuda”.
“Para mí ha sido muy relevante reconocer la propia vulnerabilidad y esa necesidad que tenemos de acompañamiento, de aprender de otros, de saber que no tenemos que pasar situaciones difíciles en soledad porque hay otros que pueden estar al lado nuestro”.
Resiliencia: sentido incluso en el dolor
Una historia reciente la llevó a profundizar aún más en el significado de la resiliencia. Antes de participar en esta conversación, escuchó el testimonio de un joven que perdió a su madre durante el reciente terremoto de Venezuela. “Este muchacho cuenta cómo, después del terremoto, sabía que su mamá probablemente había muerto e hizo todo lo posible. Ubicó el sitio, estaba seguro de que ella iba a estar ahí y finalmente, con ayuda de muchas personas, pudo rescatar el cadáver de su mamá”.
Lo que más impactó a Acuña no fue únicamente el esfuerzo realizado, sino la manera en que el joven interpretó aquella experiencia. “Él afirmó que todo había valido la pena porque había podido cumplir el propósito de despedir dignamente a su madre, mientras muchas otras familias ni siquiera habían logrado encontrar a sus seres queridos”.
Para mí un tema que ha sido recurrente también es cómo acompañar para que las personas sean más resilientes.
Este muchacho cuenta cómo, después del terremoto, sabía que su mamá probablemente había muerto e hizo todo lo posible. Ubicó el sitio, estaba seguro de que ella iba a estar ahí y finalmente, con ayuda de muchas personas, pudo rescatar el cadáver de su mamá.
“Me impactó porque lo que dijo fue que todo eso había tenido sentido y que además había que seguir adelante. Su propósito en ese momento fue rescatar a su mamá para poder enterrarla y decía que había valido la pena porque al lado tenía muchas personas que no habían podido rescatar y no iban a poder enterrar a sus familiares».
Ese testimonio refleja, según explica la médica, una de las características esenciales de la resiliencia: la capacidad de descubrir un propósito incluso cuando la realidad resulta profundamente dolorosa.
El propósito de vida fortalece la resilencia
Para Lina María Acuña, desarrollar la resiliencia no significa evitar el sufrimiento ni negar las heridas. Significa aprender a convivir con ellas sin permitir que definan completamente la propia existencia. “Creo que esta es una habilidad que necesitamos todos en este momento, en un mundo que cambia y donde estamos enfrentando situaciones concretas, como la que está pasando en Venezuela, pero también muchos escenarios de la vida cotidiana donde necesitamos ser resilientes».
Encontrar un propósito personal ayuda a transformar el dolor en un motor de crecimiento.“Ultimamente, cuando oigo hablar de que estamos heridos y que tenemos muchas heridas, siempre me remito a qué debemos hacer para, a pesar de las heridas, ser resilientes y tener esa capacidad de salir adelante”.
“Cuando una persona descubre para qué vive y cuál es su misión, incluso las experiencias más difíciles pueden adquirir un nuevo significado. La adversidad deja de ser únicamente una carga para convertirse en una oportunidad de crecimiento, aprendizaje y servicio.”
La misión personal como motor de la resiliencia
“Considero que es muy importante tener un propósito, descubrir la propia misión, descubrir el para qué estamos ahí, porque es ahí donde vivencias tan dramáticas como perder a la mamá en un terremoto empiezan a cobrar sentido.
La resiliencia no consiste únicamente en soportar el dolor, sino en encontrar un propósito que permita seguir adelante. Descubrir la propia misión y comprender para qué estamos en el mundo ayuda a que incluso las experiencias más difíciles puedan adquirir un nuevo significado. “Si yo tengo una misión personal, aunque tenga heridas, la resiliencia me permite adaptarme a esa situación y no solo adaptarme, sino encontrar sentido y que mi misión personal esté ahí enfrente. Entonces esa situación compleja se vuelve motor para poder alcanzar esa misión personal”.
Las experiencias más difíciles ya no son un límite. “Soy capaz de convertir esa situación en escenario y motor para la vida, para poder alcanzar lo que me he propuesto. Ahí es donde se entiende también el sentido vital y la vida se vuelve diferente”.
Tres pasos para desarrollar la resiliencia
Su propuesta recoge tres elementos que favorecen el desarrollo de la resiliencia.
1º Aceptar la propia realidad. Consiste en reconocer lo que está ocurriendo sin negar los hechos. En el caso del joven, aceptar que probablemente encontraría a su madre sin vida le permitió actuar con claridad y concentrar sus esfuerzos en aquello que todavía podía hacer. Aceptar la realidad no implica resignarse, sino partir de la verdad para poder avanzar.
2º Descubrir un propósito: Después de aceptar la situación, resulta fundamental preguntarse: ¿para qué me está pasando esto a mí? Poco a poco el joven lo fue descubriendo y dijo:. «Mi propósito en este momento es que yo pueda enterrar a mi mamá.» .La respuesta no siempre aparece de inmediato, pero encontrar un propósito concreto permite orientar las decisiones y recuperar la esperanza incluso en medio del sufrimiento.
3º Actuar con creatividad y apoyarse en los demás.“Y empezó a ser creativo. ¿Qué necesito? Lo relata. Comenzó solo a quitar los escombros y, a medida que iba avanzando, se iban uniendo más personas. Poco a poco encontró la forma de poder salir de esa situación”. La resiliencia también exige pasar a la acción. El joven comenzó solo a retirar los escombros, pero su iniciativa motivó a otras personas a colaborar. La ayuda fue llegando mientras él avanzaba hacia su objetivo.
Muchas veces el sentido completo de lo vivido llegará con el paso del tiempo. “Probablemente el por qué, que es ese segundo nivel de sentido, va a venir con el tiempo”. Lo importante es seguir caminando mientras ese significado se revela.Entonces, para esa resiliencia que se necesita, lo primero es aceptar la realidad.
Dar sentido a las heridas personales
¿Qué pasa con esas situaciones que nos marcan la vida? Las experiencias dolorosas forman parte de la propia vida. Lejos de intentar borrarlas, hay que integrarlas porque forman parte de la narración de nuestra vida, de nuestra propia existencia.
“Vuelvo a lo mismo: tenemos heridas, estamos heridos por muchas circunstancias, pero cuando en esa narrativa puedo darle sentido a las heridas, hacen parte de mi vida y las miro incluso con agradecimiento”. Cuando las heridas encuentran un significado, dejan de ser únicamente una fuente de sufrimiento para convertirse también en parte del crecimiento personal.
Las habilidades sociales que necesita el mundo de hoy
Además de la resiliencia, Lina María , considera que hay otras habilidades sociales que también necesitan entrenarse. Entre ellas destaca:
- La escucha activa.
- La empatía.
- La comunicación asertiva.
- La capacidad de acompañar a los demás.
Estas competencias, afirma, pueden entrenarse y resultan indispensables en una sociedad cada vez más diversa y complejaa .“Hoy estamos viviendo entre generaciones diferentes. El hecho de que vivamos más tiempo nos ha permitido justamente esa riqueza de poder estar con personas mucho más mayores de lo que otras generaciones habían podido convivir. Esto nos hace afrontar el reto de poder dialogar entre generaciones”.
Aprender a dialogar entre generaciones
El aumento en la esperanza de vida ha permitido que hoy convivan varias generaciones dentro de una misma familia, una empresa o una comunidad. Esta realidad representa una enorme riqueza, pero también exige comprender las diferencias culturales y de valores. “Considero que ese diálogo, que a veces pareciera que se da entre lenguajes diferentes, necesita que entendamos cuáles son los valores que tiene cada generación y que seamos capaces de ponernos las gafas de cada una de ellas para comprender cuál es la riqueza que tienen las personas mayores y cuál es también la riqueza que tienen las personas jóvenes”.
“Me gusta mucho pensar cómo, independientemente de si son mayores o si pertenecen a generaciones mucho más jóvenes, todos nos enriquecemos. En esa identidad que vamos construyendo a lo largo de nuestra vida nos enriquecemos de la experiencia, de la reciedumbre que pueden tener probablemente los baby boomers, pero también nos podemos enriquecer de la sensibilidad, del reconocimiento de la vulnerabilidad y del amor por la diferencia que pueden tener las generaciones más jóvenes”
Una invitación a construir juntos
Como mensaje final, Lina María Acuña invita a centrar la atención en aquello que une a las personas y no únicamente en sus diferencias.“En este momento considero que esa es una riqueza que además nos debe llenar de esperanza. Es mejor pensar que juntos podemos construir que estar pensando en todo lo que nos hace diferentes. Cada una de las generaciones tiene unos valores que han sido motor y que han permitido esa construcción social, esa capacidad de asumir los retos que vienen con cada momento”.
“Justamente ahora, cuando convivimos con mayores diferencias, podemos hacer construcciones que nos permitan enriquecernos mutuamente y, en ese sentido, descubrir lo que nos viene invitando el Papa León XIV, que es volver a descubrir lo que es la humanidad de cada uno” .